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Redacción
Viernes, 5 de enero de 2018
El último film

Soy Maria Callas y os voy a contar mi historia

Noticia clasificada en: El último film Graciela Mantiñan

Graciela Mantiñan

 

 

 

Lo primero: Kalispera, que en griego quiere decir bienvenido.

 

¿Por qué uso ese idioma? Porque soy la soprano griega cuya voz cubría tres octavas, la diva lírica que sedujo a los amantes de la ópera de todo el mundo.

 

En realidad yo sólo hice una película, fue Medea, una tragedia dirigida por Pier Paolo Passolini. Pero mi vida fue de película.

 

Nací en Nueva York en 1923. Mi familia era inmigrante y a los trece años me llevaron a Atenas donde estudié canto. Ellos eran era muy pobres y ya intuían que mi voz sería un pasaporte a la fortuna.

 

Debuté en Verona en 1947 y sólo tardé diez años en revolucionar el bel canto. ¿Cómo lo hice?: transformando los adornos y melodías musicales que hasta ese momento eran solo alardes de virtuosos, en auténticos recursos dramáticos. Por eso pude ampliar el repertorio operístico italiano, que en esa época se reducía casi exclusivamente a Verdi. Yo reinventé Norma, la ópera de Bellini, poniendo fuerza expresiva donde antes sólo había un despliegue vocal vacío.

 

Siempre elegí el efecto de la verdad sobre la belleza del sonido. En La Traviata fui una Violeta que llega al final realmente desgarrada por el dolor y la enfermedad. ¿Cómo iba a cantar exultante el final de un aria que dice “adiós a los bellos y alegres sueños del pasado”? Pero además seguí un régimen drástico, que me hizo tan flaca como la pobre Violeta. Si ella era una tuberculosa agónica, yo no podía ser una saludable gordita.

 

Luchino Visconti y Franco Zeffirelli fueron mis regisseurs. Quizá tempranamente intuí mi declinación. Zeffirelli siempre recordaba que después del exitoso estreno de La Sonámbula, la triunfal María Callas lloraba diciendo: “desde ahora ya nada será tan perfecto como esta noche”.

 

Como ya he comentado, sólo filmé una película, pero mi voz se escuchó en grandes largometrajes: La luna de  Bertolucci, Terror en la ópera de Argento y Callas forever de mi amigo Zeffirelli. Alguna vez le escribí a Pier Paolo Passolini: “la realidad es la creación, la dignidad y no los valores burgueses. Es preciso tener los pies sobre la tierra, después se puede soñar. Pero es sueño y no realidad”. ¿Acaso son las palabras de una diva histérica y superficial?

 

Es cierto, libré polémicas infernales con los empresarios operísticos. Nunca superé el abandono de Aristóteles Onassis  con quien dicen, tuve mi único hijo que murió al nacer. Ya retirada, en mi exilio en Nueva York, di clases magistrales en la famosa Juillard School. Estas clases inspiraron Master Class, una obra de teatro feroz que escribió un dramaturgo norteamericano. Fue un gran  éxito que se representó en todo el mundo.

 

El telón cayó sobre mi vida en 1977, pero para los amantes del bel canto sigo siendo María Callas, la grande, la única.

 

THE END

 

 

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