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Redacción
Lunes, 8 de enero de 2018
El gran legado cultural de Valladolid

35 años de buen cine en los Manhattan

Noticia clasificada en: Nacho Esteban

Nacho Esteban

 

 

 

Los Cines Manhattan de Valladolid cumplen hoy, 8 de enero, 35 años de andadura. Es toda una hazaña el haber llegado hasta aquí, la verdad que sí. Películas, y películas, y más películas, y de todas clases, porque lo que siempre ha caracterizado a este local es compaginar el cine de autor con el comercial. Woody Allen, Jim Jarmush, Ken Loach, David Lynch, y lo más granado del cine independiente siempre han tenido cabida junto al nuestro, a lo patrio, siendo referentes Almódovar, Aranda, Bigas Luna, y Manuel Gutiérrez Aragón, entre otros.

 

Durante todo este periplo, su verdadero éxito ha residido en poder alternar los distintos tipos de cine: el de las palomitas con el más sesudo, el español con el norteamericano. El cine taquillero, puro y duro, junto con las películas independientes del otro lado del Atlántico. Pero aún hay más, cine de varias nacionalidades, tanto en versión original como dobladas. Todo ello, conformando un cóctel explosivo de fantasía e ilusiones que ha logrado convivir durante más de tres décadas.

 

 

Los comienzos

 

Comenzó poco a poco, ese mágico 8 de enero de 1983, con dos salas siendo los primeros minicines o multicines de Valladolid, según se mirara, y en el casco urbano de la capital, en la calle Cervantes, muy cerca de la plaza Circular. Durante el primer año, funcionó casi en exclusividad con películas de reestreno, haciendo la competencia y comiéndole finalmente el pastel al mítico cine por aquel entonces de la ciudad, el Castilla del barrio Girón.

 

En octubre de 1984 abrió una tercera sala debido al gran éxito y repercusión. Tres salas muy coquetas, por tanto, que hacen las delicias de los espectadores, comenzando con un aforo de 380, 240 y 130 localidades respectivamente, hasta llegar al de ahora: 365, 187 y 97 butacas. Durante sus dos primeros años, convivió con todos los legendarios cines de la capital del Pisuerga. Posteriormente fueron cayendo, poco a poco, lenta y progresivamente, todos. El mencionado Castilla, el Embajadores, el Matallana, el Rex, el Goya, el Alameda, el Babón, el Delicias, el cinema La Rubia, hasta el mismísimo Cine Cervantes, que cerró en febrero de 1987.

 

Le recupera un año más tarde el Manhattan haciéndose ya con un circuito de cuatro salas. Tirando para arriba como la espuma. Consiguió tres premios Máster de Popularidad que le catapultan al olimpo de los dioses, el primero, en 1985, el segundo, en 1988, (coincidiendo con la reapertura del Cervantes), y el tercero en 1991, (donde la Sala Cervantes comienza a alternar cine con teatro, sobre todo, y muchos espectáculos infantiles).

 

 

El aumento de salas

 

Subían a pasos agigantados hasta desembocar a finales de mayo de 1996 con la apertura de los Cines Broadway en el paseo del Hospital Militar. Once salas, ni más ni menos. Todo su legado sumaba catorce, más el Teatro Cervantes, (a partir de ese momento sólo con espectáculos teatrales), desprendiéndose finalmente del mismo a primeros de febrero del 2014.

 

Tanto los Manhattan como el Cervantes albergaron la Seminci desde 1984 hasta 1995, y también fue el lugar precursor del cine de madrugada los fines de semana (viernes y sábados a las 0:50 horas). Las sesiones, siempre sin numerar. El horario habitual a las 17, las 20 y las 22:45 horas. Ésta última se adelantó quince minutos en la década de los 2000 y otro cuarto más desde hace tres años.

 

Debido al boom le empiezan a salir seguidores, como por ejemplo, a finales de octubre del 84 con el Mini Cine Groucho —que aguantó una década, hasta el citado mes del año 94, alternando clásicos y cine de autor— o los Cines Casablanca, desde mayo de 1987 hasta la actualidad. Primeramente con dos salas, abriendo una tercera al año y medio, y situados en la calle Platerías. Al principio del verano del 2002 se mudan a Leopoldo Cano conservando las mismas salas y la programación de cine de arte y ensayo. Acaba de cumplir por tanto, 30 años.

 

Otros cines clásicos de la ciudad se apuntaron abriendo más salas dentro del mismo local para competir con los Manhattan. El Cine Vistarama —desde octubre de 1988 hasta junio de 1997, con tres salas y con dos más desde septiembre de 1997 hasta que el 23 de abril del 2000 se clausuró definitivamente—, el Cine Coca hizo lo propio en octubre de 1990 con otras tres hasta que cerró a primeros del año 2003. El Cine La Fuente se rebautizó como Cines Mantería con dos salas desde febrero de 1993 hasta que finalmente desapareció en febrero de 2012. El Cine Roxy, remodelado desde octubre de 1990, y con una sala más en el anfiteatro desde octubre de 1996, pero termina desapareciendo el 8 de enero del 2014.

 

Por su parte, el Teatro Calderón deja de proyectar cine a partir de la primera semana de enero de 1995 y el Zorrilla hace lo mismo a primeros de 1999. Por último, el Teatro Lope de Vega proyecta su última película el 30 de abril del 2000 y el “Carrión” enciende su último proyector a finales de febrero de 2010.

 

 

Mis películas en el cine

 

Al cine, siempre iba los domingos desde finales de los 80, durante toda la década de los 90, y hasta bien metidos en los años 2000. Fueron unos quince años de cine semanal. Luego, los ciclos y las etapas de la vida se acaban, y aunque sigo acudiendo a ver películas, en la actualidad no lo hago con la misma asiduidad.

 

Recuerdo la primera vez que estuve en los Manhattan. Era septiembre de 1988, en la sala 1, a las 20 horas. La película “Colors (Colores de guerra)”, de Dennis Hooper con Sean Penn y Robert Duvall. El precio de la entrada, unas 375 pesetas de las de entonces. Una sensación mágica, ya que hacía mucho tiempo que no acudía al cine, y más todavía a estos multicines. Rememoro también, la sesión de las 8 de la tarde, en tercera fila visionando “Pulp Fiction”, en la misma sala, en marzo del 95, que acabé casi mareado, pero como se ve, sobreviví. Y a las 17 horas, en octubre del 89, una peli muy mala para la crítica, pero que a mí me gustó bastante, por lo menos en ese momento: “Encerrado”, con Sylvester Stallone.

 

Siguiendo con la sala principal, en la segunda sesión, tres filmes a destacar: “Pena de muerte”, estremecedor drama, en abril del 96, un auténtico alegato contra la pena de muerte que le valió el Oscar a Susan Sarandon. ”El cielo protector”, a primeros del 91, preciosista filme de Bertolucci con John Malkovich y Debra Wringer, y con una estupenda banda sonora a cargo de Ryuichi Sakamoto, pero que me dejó parcialmente frío. “La vida es bella”, en marzo del 99, que le valió el premio de la academia de Hollywood a Roberto Benigni. Dividida en dos partes, siempre me ha parecido una película sobrevalorada y un tanto forzada y descompensada, donde la fuerza de sus intérpretes la redime de sus pecados. Y uno más, a las cinco de la tarde, en febrero de 1991, doy un paso más como espectador y me meto a ver una película de David Lynch, “Corazón Salvaje”, con Nicolas Cage y Laura Dern. Salí maravillado, aunque con el paso del tiempo, he perdido cierta afección al filme.

 

Otras cintas que me impactaron, mejor dicho, me emocionaron por distintas razones; “Cinema Paradiso”, en el pase de las 17 horas del primer domingo de mayo de 1990 en la Sala Cervantes. Es la única vez que he llorado como una magdalena asistiendo a una proyección de cine. Fue en el último tercio final. También en el Cervantes, visioné otras dos películas. La primera de ellas, un año más tarde, en marzo del 91. Experimenté sensaciones parecidas con “Cyrano de Bergerac”, producción francesa muy lujosa, protagonizada por Gerard Depardieu. Y cinco años más tarde, en abril del 96, una extraordinaria y durísima película que le valió el Oscar al anteriormente mencionado Nicolas Cage compartiendo pantalla con Elisabeth Sue: “Leaving Las Vegas”.

 

“Asuntos sucios”, en la sala 3 de los Manhattan, en la primera sesión, el último domingo de abril de 1990. Con Richard Gere y Andy García. Muy entretenida. Espectacular, me encantó. Muy sugestiva. Continuando, pero a las ocho de la tarde, otros dos largometrajes. En marzo del año 2002, me conmovió y emocionó “Monster's Ball”, Oscar para Halle Berry. Contiene uno de los finales más hermosos que he visto nunca. Y en abril del 2003, Adrien Brody se alzó con el suyo en “El pianista”. Magnífica película. Encogido y estremecido salí. Al ser una sala pequeña, me solía poner en el mismo sitio.

 

En la sala 2, en la segunda sesión, tuve el placer de contemplar entre otras, “El piano”, en marzo del 94, con Holly Hunter y Sam Neill. Me cautivó su poderosa música y la belleza de sus imágenes, al igual que lo hizo “Heat”, en abril del 96, con Robert de Niro y Al Pacino. Con un espectacular atraco a un banco y un tiroteo de esos que se te quedan en la retina. Todo ello, con sonido envolvente. Cambiando de registro, “Señora Doubtfire”, con Robin Williams, en febrero del 94. Comedia y ternura al mismo tiempo. Un exitazo de taquilla.

 

Finalmente en esta sala segunda, destacar dos cintas de Oscar. “Traffic”, de Steven Soderberg, en abril del 2001, ganadora de 4 premios, con Michael Douglas, Benicio del Toro y Catherine Zeta Jones, y este año pasado a primeros de marzo del 2017, “Moonlight”, que se alzó con tres Oscars, entre ellos, el de mejor película. Melodramas muy bien realizados que me llegaron al corazón y al alma. Siempre me colocaba también más o menos en la misma butaca, por el medio, al ser una sala mediana. También vi cine español, como por ejemplo, las dos de Trueba: “Two much” y “Belle Epoque”. O, “Perdita Durango”, de Alex de la Iglesia. Almodóvar, Armendáriz, y otros, también estuvieron presentes.

 

Aunque a partir de finales de los 90 y durante los 2000 llegaron los multicines de los centros comerciales, y perdieron público, aún siguen conservando el aroma inconfundible del buen cine, y pueden presumir de ser los cines más antiguos de Valladolid.

 

Yo terminé de aficionarme y enamorarme del cine con los CINES MANHATTAN. 35 años, casi nada. Que cumplas muchos más. ¡Ojalá que sí!

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