Aviso sobre el Uso de cookies: Utilizamos cookies propias y de terceros para mejorar la experiencia del lector y ofrecer contenidos de interés. Si continúa navegando entendemos que usted acepta nuestra política de cookies. Ver nuestra Política de Privacidad y Cookies
Redacción
Jueves, 11 de enero de 2018
Cuento sobre una golondrina

Reencarnación

Noticia clasificada en: David

David

 

 

 

Pasaba sus últimos días en su lecho de muerte. Postrado en la cama junto a él, quien había sido el amor de su vida. Él divagaba en alto lo mucho que la quería. Con un lamento reiterado por ser él quien la abandonase dejándola sola. Sus hijos lloraban frente a la impotencia de no poder hacer nada. La enfermedad se llevaba su vida lentamente.

 

Ella recordaba el día que le conoció, más allá de los 40, de lo feliz que le había hecho durante todos aquellos años sin faltar ni un día. Finalmente, después de darle la extrema unción, uno de los hijos le preguntó al padre cuál era su última voluntad. Aquel hombre miró a su mujer frente a la ventana abierta del cuarto y en un hilo de voz expresó:

“Desearía reencarnarme en golondrinas junto a tu madre y surcar para siempre juntos el cielo azul.” La mujer, emocionada por la situación, asintió en su deseo. Tras su muerte, meses más tarde fue su esposa quien, por soledad o por tristeza, quién sabe. También la desdicha la llevó al mismo fin en un duro invierno. Los hijos lloraban ambas defunciones llenando de recuerdos los momentos en los que se reunían en casa.

 

Llegó la primavera y con ella volvió a brotar la vida. Crecían las flores en el campo junto a los pastos, festejaban los animales bocados bajo el sol cansados ya de paja. Las casas se aireaban dejando las ventanas abiertas de par en par. Fue entonces cuando uno de los hijos se percató de que en la habitación de los padres comenzaba a hacer un nido una pareja de golondrinas. Entró y las golondrinas, sin asustarse, miraron a aquel muchacho. Él recordó el último deseo de su padre por lo que terminó preguntando a las golondrinas: “¿sois papá y mamá?”. Los animales piaban mientras revoloteaban por la habitación. El muchacho marchó corriendo a contarles a sus hermanos lo que estaba ocurriendo. Ellos se mostraron incrédulos frente a la posibilidad de que sus padres se habían reencarnado.

 

Aún así, pasaron los días. Ninguno de ellos tuvo el valor de echarlas de casa ni de cerrar aquella ventana y, aunque parezca increíble, desde entonces por respeto y amor a sus padres, cada abril en aquella habitación la ventana se abre en espera de que retornen las golondrinas que, año tras año, vuelven llenando de felicidad la casa de los hermanos que festejan esa vuelta con la esperanza de que el deseo de sus padres su hubiese cumplido.

palabras menores • Términos de usoMapa del sitio
© 2018 • Todos los derechos reservados
Powered by FolioePress