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Redacción
Jueves, 11 de enero de 2018
Cuento sobre una golondrina

Amistad invisible

Noticia clasificada en: Frosty

Frosty

 

 

 

Nuestra pequeña amiga golondrina no entendía por qué tenía que volver año tras año al mismo lugar, ni por qué no le dejaban posarse en el suelo para descansar. Por no llevar la contraria a los demás, simplemente hacía lo que para todos era lo correcto pero cada tarde volaba lejos de las miradas y se posaba en uno de sus árboles favoritos, donde había entablado una bonita amistad con una lechuza. Las dos se perdían en largas conversaciones llenas de preguntas. La golondrina admiraba a la enorme lechuza, no solo por su fuerza al volar ni por su increíble vista, si no por la inmensa capacidad para contestar a cualquier pregunta que se le podía pasar por la cabeza.

 

Una tarde como tantas otras, nuestra pequeña golondrina se dirigió a su encuentro diario con su vieja amiga lechuza. Para sorpresa de la golondrina, la lechuza no estaba. Ella, extrañada, esperó y esperó pero fue en vano. Su amiga no apareció. La golondrina supuso que estaría ocupada en otros asuntos, así que levantó el vuelo y decidió volver a su nido. Cuando estaba llegando, vio que todas las golondrinas estaban alteradas volando de un lado a otro sin ningún sentido.

 

-¿Qué ha pasado?- preguntó la golondrina.

- Han encontrado a un enorme pájaro muerto encima de nuestro cable para descansar. ¡Qué horror!”

 

Su corazón casi se paró en seco. Salió volando lo más rápido que pudo y al llegar al lugar la vio ahí, a su amiga tumbada en el cable como si hubiera querido descansar para siempre en el lugar donde tantas tardes le dijo que las golondrinas descansaban. Sin pensárselo se posó a su lado, ante el estupor de las demás golondrinas, y entre lágrimas se despidió de su amiga. Ahora, ¿quién le daría la respuesta a sus tardes de soledad? ¿Con quién se reiría de las raras costumbres de las golondrinas? Ahora solo le quedaba aceptar que era una golondrina más.

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