Aviso sobre el Uso de cookies: Utilizamos cookies propias y de terceros para mejorar la experiencia del lector y ofrecer contenidos de interés. Si continúa navegando entendemos que usted acepta nuestra política de cookies. Ver nuestra Política de Privacidad y Cookies
Redacción
Jueves, 11 de enero de 2018
Cuento sobre una golondrina

Un oso y una ardilla aburridos

Noticia clasificada en: El Gallén

El Gallén

 

 

 

Un día una golondrina se puso a hablar con un oso que le preguntaba por qué volaba tanto en invierno.

 

- Vuelo porque no me gusta el frío, me deprime. Me gusta conocer otras tierras y ver otros animales”, le contestó.

- Pero si tú te pasas la vida volando, ¿cómo vas a conocer otros tierras si ni siquiera las pisas? Sería mejor que comieras mucho en verano y durmieras mucho, como yo, en invierno”, le dijo el oso.

- Tú, ¿cómo dices que eres parte de algo?, si la mayor parte del tiempo estás comiendo y el resto durmiendo. No socializas con nadie porque siempre estás preocupado por la comida. Ves a otros animales y gruñes —contestó— Yo los veo desde arriba y observo lo que hacen. Como lo necesario y vuelo hasta que mis alas me lo permiten.

 

En eso entró en la conversación una ardilla que les estaba escuchando.

 

- Estoy de acuerdo con mi vecino el oso y prefiero ser parte de algo. En primavera y verano recolecto tanta comida como puedo para que no me falte en invierno. Cuando llega, me dedica a recordar dónde la guardé para comer y así no tener que irme y salir de mi territorio a buscar nada.

 

El oso respondió:

 

- ¿Lo ves? Esa es otra opción. Así no te lo tienes que comer todo, solo almacenar y cuando llegue el frío lo buscas y te lo comes. Así evitas la fatiga de tener que huir del frío y volar tanto.

- Yo no huyo del frío - respondió la golondrina - y vuelo porque me gusta, porque tengo muchos amigos en todas partes a los cuales visito siempre una vez al año para ver cómo van sus vidas y contarles lo que han visto mis ojos. Así, evito caer en el olvido y olvidarme de ellos. Siempre me reciben bien. Tengo una iguana que es amiga mía desde mi primer viaje, un caimán gruñón y un conejo demasiado ansioso que siempre que le veo me dice: “¿qué hay de nuevo, viejo?”, y muchos otros en muchos lugares que os sorprenderían si lo vieran. La comida nunca me falta en la ruta. Tenemos lugares donde parar a descansar y comer. Ustedes dos no conocen más que hasta donde ven sus ojos. Yo voy hasta donde mi cuerpo me lo permite. Tengo amistades en muchos lugares de norte a sur y nunca me siento solo.

palabras menores • Términos de usoMapa del sitio
© 2018 • Todos los derechos reservados
Powered by FolioePress