Aviso sobre el Uso de cookies: Utilizamos cookies propias y de terceros para mejorar la experiencia del lector y ofrecer contenidos de interés. Si continúa navegando entendemos que usted acepta nuestra política de cookies. Ver nuestra Política de Privacidad y Cookies
Redacción
Miércoles, 17 de enero de 2018
Taller de escritura José Mosquera

Final o principio, nunca se sabe

Noticia clasificada en: Centro Cívico José Mosquera

Amor Fernández

 

 

 

Teresa había estudiado Derecho con unas excelentes notas y con la ilusión de convertirse algún día en juez. Justo cuando estaba preparando las oposiciones, a su madre le detectaron una enfermedad degenerativa que en dos meses la dejó en una silla de ruedas y totalmente dependiente. Diego, su hermano, estaba ya casado y tenía su familia. Le dijo a Teresa que él no podía ayudarla a cuidar de su madre y que lo mejor es que la ingresaran en una residencia. Pero ella se negó y tomó una decisión que truncaría de raíz todos sus sueños y sus planes de futuro: dejó la oposición y se dedicó en cuerpo y alma a cuidar a su madre. Ahora, 15 años después, su madre había muerto. Durante toda la enfermedad, ella no tuvo ni tiempo ni ganas de cuidarse y a sus 38 años parecía tener 50. Se había aislado tanto que no tenía amigos, ni vida social, se sentía vacía, fea, vieja, sola y miraba el futuro sin ilusión y sin nada por lo que seguir adelante, había desaparecido la razón por la que se había levantado todos los días durante 15 años. No se arrepentía de haberlo hecho y se decía a sí misma que lo volvería a hacer, pero eso no quitaba para que se sintiera desmoralizada.

 

Su hermano, la animó a retomar la idea de preparar las oposiciones a juez, aunque a ella no la apetecía mucho. Empezó a prepararse porque era consciente de que algo tenía que hacer con su vida. Todo su tiempo y las energías que antes dedicaba a su madre, las empleó a preparar los temas, así que el año siguiente cuando salió la convocatoria, sacó la plaza, además, con una nota brillante.

 

El primer día de trabajo, llegó al juzgado a tomar posesión de su plaza. Estaba llena de miedo e inseguridad, no sabía cómo relacionarse con la gente y no podía ni pensar en el momento que tuviera que ejercer su cometido en un juicio. Era consciente de que tendría que tomar decisiones importantes desde su condición de juez. Afortunadamente sus colegas la ayudaron mucho desde el principio, y sus compañeros fueron muy amables con ella, le ayudaron a integrarse. Le costó un poco de tiempo sentirse cómoda, pero en tres meses ya tenía un grupito con el que quedaba para comer, ir al cine o salir a correr, y con la ayuda de las otras chicas del trabajo que la habían puesto al día de la moda, el peinado, etc. Ahora parecía incluso más joven de lo que era, y se miraba al espejo y se sentía guapa. Había empezado a salir con Roberto, un fiscal que había llegado hacía poco tiempo al juzgado y en la cena de compañeros de Navidad se habían prometido. Poco tiempo después se casaron. Pasados seis meses de su boda, ahora estaba embarazada y se sentía la mujer más feliz del mundo.

 

A la muerte de su madre ella pensó que era también su final pero sin embargo fue el principio de su nueva vida.

 

“Y justo cuando la oruga pensó que era su final se transformó en mariposa”.

palabras menores • Términos de usoMapa del sitio
© 2018 • Todos los derechos reservados
Powered by FolioePress