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Redacción
Jueves, 18 de enero de 2018
Silvia Martín, conserje en el CEE Nº1

"He aprendido a ser más generosa, a valorar más cosas y a ser consciente de que estos niños son felices"

Jose Ramón Sánchez y Eva María González

 

 

 

 

Silvia Martín es la conserje del colegio de Educación Especial Número 1 de Valladolid, y hemos hablado con ella para conocerla y saber sobre el trabajo que desempeña. Le gusta andar en bici, leer y el cine. De octubre a mayo pasa casi todo el día en el colegio; y en septiembre y junio solo está por las mañanas. Lleva 12 años como conserje en el colegio, y también ha trabajado como ordenanza en la Diputación y de vigilante de salas en el Museo Nacional de Escultura.

 

El trabajo que desempeña Silvia en el colegio es muy variado: “atiendo el centro, fijándome en los desperfectos que pueda haber y sean un peligro para los niños. Si está en mi mano lo arreglo, pero si no llamo a mantenimiento del Ayuntamiento para que vengan a repararlo. Hacemos fotocopias, atendemos a la gente que viene de fuera y estamos pendientes de que el edificio esté en perfecto estado para su funcionamiento”, comenta.

 

En un centro de educación especial , a diferencia de otros, se atiende especialmente a la diversidad y se necesita más personal, como enfermeras, fisioterapeutas y asistentes técnicos educativos (ATE), que en otros colegios no existen. “Si te soy sincera, la primera impresión que tuve en el colegio fue la de no querer volver, porque vi cómo un muchacho se ponía violento con un ATE. Ellos siempre son pacíficos, pero hay alguna que otra ocasión. Pero mira, ya llevo doce años”, dice Silvia.

 

La conserje considera que de todo el mundo hay cosas que aprender, y de estos alumnos y alumnas por supuesto que también. “He aprendido a ser más generosa, a valorar más, a dar importancia a situaciones y cosas que la tienen de verdad y a ser muy consciente de que estos niños son felices e irradian felicidad a las personas de su alrededor”, reflexiona. En general, estos chicos y chicas son mas simpáticos y cariñosos que otros: “he estado en otros colegios y he experimentado que algunos niños son más ariscos, pero tampoco quiero generalizar. Además, les cojo cariño, les veo crecer y me alegro con los que mejoran; y es muy triste cuando alguno empeora debido a su discapacidad. A pesar de todo, se trata de hacerles la vida alegre", añade.

 

 

El colegio y sus vacaciones

 

Este colegio era un colegio ordinario y se ha adaptado a las necesidades de los niños con discapacidad. Un ejemplo de ello son las puertas automáticas, la rampa que tiene para subir a los demás pisos y los baños adaptados, entre otras cosas. A juicio de Silvia, el nuevo colegio ubicado en Covaresa y al que, presumiblemente, se trasladarán en septiembre, debería tener más espacio para moverse mejor: baños más adaptados, espacios de juego más grandes, unas puertas más anchas: “aunque este colegio está adaptado, no es el lugar más idóneo”, comenta.

 

Hablando del colegio, también habló sobre las vacaciones del personal del centro. Son necesarias para los maestros, ya que trabajan mucho. En esto, Silvia opina que "los maestros necesitan las vacaciones que tienen. En este tema las personas hablan por ignorancia”. Por su parte, los conserjes disfrutan de mes y medio de vacaciones, y los 15 días que trabajan van a los demás colegios de la zona  para ver los desperfectos que pueda  haber. “Somos cuatro compañeros y nos organizamos las quincenas rotando y poniéndonos de acuerdo entre nosotros. En la que a mí toca, además del colegio de Educación Especial, debo ir al Ginés de los Ríos y al Íñigo de Toro, que son los tres que están dentro del mismo distrito”, cuenta Silvia. 

 

 

La sociedad y los padres

Al principio es muy duro para los padres saber que van a tener un hijo con discapacidad, pero luchan y se preocupan por sus hijos, e intentan que sean lo más independientes posibles. “También hay alguno que no deja que su hijo sea todo lo independiente que podría ser. Esto, en mi opinión, puede perjudicarles en el futuro. Sus padres no van a estar siempre y cuanto menos tengan que depender de terceros, mejor”, explica. La relación que tiene con los padres es la del día a día. “Mi trato con ellos es cordial, a veces viene gente de fuera del colegio que tienen personas con discapacidad y me hablan de ello”, añade

 

Después de su trayectoria en el colegio Silvia es ahora más sensible y empática. “He aprendido a valorar cosas que tengo que antes no valoraba”, comenta. Ha aprendido a vivir con la mirada del otro, lo que cree que queda por trabajar en la sociedad. Al contrario de lo que mucha gente cree, estos niños, dentro de sus posibilidades, son muy listos: “son chavales que intentan superarse día a día, aunque les resulte más difícil que a otra persona". Parte de la sociedad rechaza a este colectivo porque no lo conoce y “yo les invitaría a que se pasaran por el colegio para conocerles de primera mano, porque el rechazo surge por la ignorancia”, termina diciendo.

 

La sensibilidad y la riqueza que se adquiere en el colegio no se obtiene en otros. Con las prisas no nos fijamos muchas veces en las demás realidades y una de ellas la tenemos muy cerca, en la ciudad, y los profesionales del cole estarían dispuestos a enseñárnosla.

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