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Redacción
Lunes, 22 de enero de 2018
El último film

Soy Rock Hudson, mis películas hablan por mí

Noticia clasificada en: El último film Graciela Mantiñan

Graciela Mantiñan

 

 

 

 

Fui amado por miles de mujeres, pero nunca pude decir a quien amaba yo.

 

Mi comienzo fue difícil: en 1948 cuando filmé Escuadrón de combate, se necesitaron treinta tomas para que dijera bien la única frase que tenía en mi diálogo. Con el tiempo mejoré. En 1954 participé en Obsesión, un melodrama  donde personificaba a un playboy irresponsable que deja ciego a un hombre y mata a su esposa. Para redimirse  el personaje estudia medicina e intenta curar al ciego. Después hice películas que realizaban una fuerte crítica social a la vida norteamericana. De esa época, por ejemplo, el film Escrito sobre el viento que contaba la paulatina desintegración de una familia enriquecida por el petróleo.

 

Ya en 1957 yo era una de las cinco mayores estrellas del mundo del cine y lo seguiría siendo por un década. Me nominaron para el Oscar por mi actuación en Gigante, otra película sobre los ricos del petróleo.

 

Sólo filmé tres veces con Doris Day, pero nuestra pareja cinematográfica fue muy taquillera. En esas comedias, Su juego favorito, No me manden flores y Problemas de alcoba, mi personaje siempre mentía. Era un experto en pesca que no sabía pescar, un publicitario que inventaba un producto que no existía, un compositor que se disfrazaba de rico texano para conquistar a una mujer. ¡Qué paradoja!, ¿no? Siempre mentía.

 

Quería crecer como actor, me independicé de los estudios y protagonicé Plan Diabólico en 1966, una película que alguien definió como un “thriller paranoico”.

 

A finales de los sesenta ya no había papeles para mí en las películas, entonces hice televisión. Fue la serie Mc Millan y Esposa que duró desde 1971 a 1976 y tuvo éxito en muchos lugares del mundo. Después aparecí en la serie Dinastía en 1984, otra vez mezclado en una historia de ricos petroleros. Pero ya estaba muy enfermo y se notaba.

 

Víctima del SIDA, me fui para siempre un 2 de octubre de 1984.

 

En la película de mi vida no faltó nada.

 

En los años cincuenta, en Hollywood ya se conocía mi condición homosexual. Una revista amenazó con revelarla, entonces el estudio cinematográfico le dio otra historia, la de un actor que había estado preso en su juventud. Así  salvó mi imagen pública que era su más brillante negocio. Quizá mi boda con una muchacha, que era secretaria de un agente artístico, fue parte de ese negocio.

 

Cuando mi enfermedad se hizo evidente, alguna estúpida actriz de Dinastía reclamó ser indemnizada porque en  la serie, yo la había besado. Creía que el SIDA se contagiaba con un beso.

 

Soy Rock Hudson, mis películas hablan por mí, pero desde la pantalla yo sigo reclamando en mi nombre y en el de tantos otros, que mi elección sexual reciba respeto y aceptación.  

 

THE END

 

 

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