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Redacción
Viernes, 26 de enero de 2018
Taller de escritura en el José Mosquera

Sentado en la vieja barca

Noticia clasificada en: Centro Cívico José Mosquera

Visy Hernández

 

 

 

Paso el verano en casa de mis abuelos, y cae en mis manos un libro de una poeta americana del siglo XIX: Emily Dickinson. El libro no es nuevo, pero acaba de ponerse de actualidad con motivo de la película realizada sobre su  extraña y difícil vida, posiblemente en el siglo que la tocó vivir ninguna mujer con inquietudes y que se salía de las normas establecidas lo tenía fácil.

 

En la solapa del libro hay un pequeño relato de su historia y en la portada una frase: “No hay fragata como un libro para llevarnos a tierras lejanas”.

 

En la parte de atrás de la casa hay una vieja barca, que en la actualidad sirve únicamente como elemento decorativo. Allí paso mis tardes con los libros de la casa, sentado en la vieja barca y con los poemas de la autora en las manos. Mi imaginación se pone a volar, a recorrer los campos que ya no son los míos sino los de ella, quiero remar pero no puedo, mis manos están ocupadas sujetando el libro. De pronto noto como los ejemplares que apenas pesan se han convertido en velas que el viento hincha para llevarme suavemente sobre la superficie de un mar en calma.

 

Y sueño, y comprendo su rebeldía. La de una persona que pasó casi toda su existencia recluida en su habitación de una probablemente hermosa casa, que solo publicó una docena de poemas en vida alterados por los editores para adaptarlos a la época. Posiblemente pensaba que así podía evitar las manipulaciones, pero no fue hasta 1955 que sus poemas fueron publicados completos.

 

Y sueño, y veo la fragata que me lleva por lugares desconocidos y pienso en tantas Emily que no tuvieron la suerte de ver reconocido su trabajo y que solo pudieron usar las fragatas de la imaginación.

 

Y sueño, y veo a esas otras que fueron tratadas de excéntricas en el mejor de los casos y sometidas a curas imposibles y durísimas.

 

Y sueño, y sueño, y sueño …

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