Aviso sobre el Uso de cookies: Utilizamos cookies propias y de terceros para mejorar la experiencia del lector y ofrecer contenidos de interés. Si continúa navegando entendemos que usted acepta nuestra política de cookies. Ver nuestra Política de Privacidad y Cookies
Redacción
Jueves, 1 de febrero de 2018
Una historia con tres finales

Diagnóstico

Noticia clasificada en: El Gallén

Bajo la inspiración de los "Relatos micropresos", los participantes del taller de Palabras Menores en el Centro Penitenciario de La Moraleja, en Dueñas (Palencia), escribieron un relato que incluyese la frase: "he interrogado hasta el amanecer al pozo de las preguntas". Como reto añadido, la historia tenía que contar con tres posibles finales.

El Gallén

 

 

 

Juan es un hombre de 45 años con un hijo de 17 y su esposa, Lucía, de 43. Levaba una vida totalmente normal, enfrascada en la rutina desde que decidió formar una familia con su mujer. Hasta que el 15 de marzo, en un chequeo de rutina, un médico le detectó un tumor en el estómago que trajo consigo una operación para extirparlo.

 

Juan le dijo a su esposa: “he pasado la noche interrogando al pozo de las preguntas sin hallar una respuesta del porqué me pasa esto”.

 

 

1. El médico encargado de la operación entró haciendo sonar los guantes mientras se los ponía. El equipo estaba formado por un cirujano, un par de enfermeras, un anestesista y un oncólogo. Juan vio que el médico se acercaba a él diciéndole “señor, vamos a empezar dentro de unos minutos. Usted estará inconsciente”. Se le acercó el anestesista, le aplicó la anestesia y, en segundos, se quedó inconsciente. Cuando abrió los ojos, su esposa Lucía estaba a su lado esperando que despertara para besarle y decirle que todo salió bien.

 

2. Juan percibía que el anestesista se acercaba a él y le aplicaba una inyección. Después de unos segundos se durmió. Cuando abrió los ojos de nuevo, tenía la cara cubierta y empezaba a sentir un ardor en el estómago mientras escuchaba al médico dar instrucciones a sus pupilos. Sentía cada corte, cada punzada, cada movimiento del médico que hacía su trabajo. Con una manguera del respirador artificial que tenía en la boca, sin poder decir nada, sufrió la mitad de la operación despierto. Cuando el médico terminó y las enfermeras le descubrieron la cara y le vieron los ojos abiertos como un lince en la noche, se sorprendieron tanto que llamaron al médico que ya se acercaba a la salida y que regresó de inmediato. Cuando le retiraron el respirador, le preguntaron que si llevaba mucho despierto a lo que él respondió con una sonrisa irónica y un “solo desde que empezó a abrirme”.

 

3. Antes de aceptar entrar en quirófano, Juan decidió ir a otro centro médico y conocer otra opinión. Se dirigió al centro universitario donde trabajaba un amigos suyo en el que le dijeron que no era necesario operarle ya que el tumor era benigno. Que si lo deseaba podía operarse en un futuro si el tumor le representaba un incordio para su salud.

palabras menores • Términos de usoMapa del sitio
© 2018 • Todos los derechos reservados
Powered by FolioePress