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Redacción
Jueves, 8 de febrero de 2018
El último film

Soy Marlon Brando, el actor que tocó los límites

Noticia clasificada en: Graciela Mantiñan

Graciela Mantiñan

 

 

 

Nací en 1934 en Nebraska; padre autoritario y religioso, madre inclinada al teatro. Se llevaban muy mal, yo fui un adolescente conflictivo. Mi padre me envió a una escuela militar y dos años después llegó la expulsión. Quería hacer teatro. Me fui a Nueva York, estudié con Stelle Adler, una maestra de actores que se había formado con el célebre Stanislawski en Moscú.

 

Fui albañil, lavacopas y vendí refrescos, hasta que me crucé con Tenesse Williams. Lo convencí y me dio el rol de Stanley Kowalski en Un tranvía llamado deseo. ¿Te acordás? Stanley era ese obrero de origen polaco, rústico y violento, que vive en New Orleans. Él será clave para que la declinación física y mental de su cuñada, que dice ser una gran dama sureña, se transforme en una tragedia. La versión filmíca de la obra fue un éxito. Había nacido el mito Brandon, el galán antisistema.

 

Las siguientes películas respondieron a ese perfil, hasta que protagonicé El baile de los malditos en 1958. Allí  era un capitán del ejército alemán durante la segunda guerra mundial. Mi actuación lo hizo más humano, muy distinto a los arquetipos del cine bélico norteamericano.

 

Cinco veces me nominaron al Oscar: finalmente lo gané en 1958 con el film La ley del silencio, la historia de un pobre exboxeador ligado a la mafia que cambia su destino cuando encuentra el amor.

 

Fui un hombre que recorrió los extremos: tuve tres esposas, once hijos, me compré un atolón en Tahití donde viví mucho tiempo muy solo. Engordé y enflaquecí enormemente más de una vez. ¿Lo peor?: mi hijo Christian. Mató al novio de su hermana y años después ella se suicidó. 

 

Quizá por eso mis personajes más recordados sean hombres que tocaron todos los límites. Fui ese viudo reciente que por azar conoce a una bella mujer en un departamento y comienza a someterla a violencia verbal, física y sexual. La película se llamó El último tango en Paris y promocionó un uso anticonvencional de la mantequilla. ¿Te acordás? En Apocalipsis Now, fui ese coronel del ejército norteamericano que crea su propio y demencial ejército en Vietnam. Al llegar otro militar a detenerlo se despliegan escenas alucinantes, que revelan todo el horror de la guerra. Ahí la música fue protagonista: desde The end, la canción del grupo The Doors, hasta La cabalgata de las Valquirias de Wagner, pasando por la fantástica Satisfaction de los Rolling Stones. Fui don Vito Corleone, el protagonista de El padrino, un mafioso que crea un imperio criminal. Él mata, roba, explota a las mujeres, pero tiene un código: no acepta entrar al negocio de la droga. Ese es el comienzo de su fin. Todo el mundo lo sabe: me dieron el Oscar por ese film y envié a una india, una pseudo india, que en la ceremonia hizo pública mi condena al maltrato de los norteamericanos a los pueblos nativos.

 

Soy Marlon Brando y como dice mi personaje, el coronel Kurtz en Apocalipsis Now: “juzgar es lo que nos derrota”. Esta es la película de mi vida, sin juicios, ni tuyos ni míos.

 

THE END

 

 

 

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