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Redacción
Lunes, 26 de febrero de 2018
Proyectos en construcción dentro de los eventos de "Pilarica Cultural"

Con los ojos de jóvenes comprometidos

Noticia clasificada en: José Luis Alcalde

Cinco jóvenes vallisoletanos explican en el local de la Asociación de Vecinos Pilarica sus experiencias de voluntariado con personas desfavorecidas del tercer mundo. La charla figuraba dentro del programa de actividades denominado "Pilarica Cultural" que está desarrollado por esta asociación de vecinos del barrio.

José Luis Alcalde

 

 

 

 

Marta Campano, Raquel García, Violeta González, Juan Piñeyroa y Miguel de la Huerga estuvieron el pasado jueves en la Asociación de Vecinos Pilarica hablando sobre "Proyectos en construcción". Durante casi dos horas, explicaron su participación en proyectos de cooperación en Ghana, Perú, Ecuador, Atenas o el desierto del Sahara.  No se trata de acciones puntuales o de turismo social, sino compromisos responsables de personas que se han puesto manos a la obra para mejorar la situación de otros seres humanos dentro de un estilo de vida comprometido con sus semejantes más desfavorecidos. La actividad estaba enmarcada bajo el ciclo "Pilarica Cultural" organizado por la Asociación de vecinos.

 

Al inicio, José Manuel de la Huerga, coordinador de la actividad, les invitó a presentarse con una palabra o expresión recogida durante su trabajo en el exterior. Bacán es una de las expresiones que Juan recuerda de su estancia en Piura (Perú) y que significa “que se encuentran felices, bien; algo así como guay”, explicó. A Marta le sorprendió la expresión “hay un guagua en la 212” durante sus primeros días de trabajo en un hospital ecuatoriano.  No se trataba de un autobús mal aparcado, sino un niño enfermo en esa habitación del centro sanitario. Los habitantes de Ghana utilizan la palabra dusiboula para preguntar cómo está la familia. Raquel la oyó con frecuencia en la pequeña localidad de Ghana donde realizó prácticas de Magisterio en una escuela de primaria. Yala yala se le quedó grabado a Violeta en el Sahara y es algo así como “vamos, vamos a empezar la tarea” que con frecuencia iba precedida de algunos signos de pereza. En el campo de refugiados Eleonas de Atenas la expresión habitual entre personas de distintas procedencias e idiomas es una corrupción del inglés y que queda reducida a OK mafriend (de acuerdo, amigo). Así lo reflejó Miguel en su primera intervención.

 

Los chicos junto a José Manuel de la Huerga (primero a la izquierda) en la Asociación de Vecinos Pilarica. / Foto: José Luis Alcalde

 

 

Las experiencias

 

Violeta González habló de permacultura y bioconstrucción en el desierto de M´Hamid, al sur de Marruecos, donde acudió de la mano del proyecto Ecolectivo de Vigo y Moradas de Tierra. Los nómadas del desierto han visto alterado su estilo tradicional de vida por los conflictos que vive la región. Necesitan agua, cobijo y comida, son recursos que escasean en el lugar y que es necesario generar. Hay agua en el subsuelo pero con alto contenido en sal. Para ello crearon destiladores solares de agua y construyeron baños secos que generan materia orgánica que será utilizada como abono. El adobe es el material principal usado en la construcción de viviendas. Y nos lanza una advertencia a los españoles: la península ibérica se está desertizando y algo deberíamos aprender de estas personas. Por nuestro propio bien.

 

Violeta González. / Foto: José Luis Alcalde

 

Por su parte, Raquel viajó a Ghana dentro de un proyecto de innovación educativa de la Universidad de Valladolid y la ONGD ADEPU (Asociación para el Desarrollo de los Pueblos). “Eran grupos grandes, de 60 o más niños. A veces llegaban a los 100. Nuestra intención era la de compartir con profesores y alumnos de allí, no colonizar”, explicó.

 

Además del número de alumnos por grupo, hay otras notables diferencias con respecto a la situación en Europa. Muchos niños se quedaban dormidos en clase por la fatiga y las altas temperaturas. Otros acuden a la escuela incluso estando enfermos, ya que es la forma de recibir comida. Incluso los hermanos mayores deben ocuparse de sus hermanos pequeños dentro del aula. “Admiro a esas mujeres. Son las que hacen las tareas, y lo hacen juntas, compartiendo utensilios y en un ambiente permanente de puertas abiertas entre ellas”, comentó Raquel.

 

Raquel García. / Foto: José Luis Alcalde

 

El campo de refugiados Eleonas está situado en Atenas. Miguel trabajó en ese campo como voluntario colaborando con la organización Project Elea (Ελαία es la palabra griega para designar olivo). Todo un símbolo de la esperanza que vuelve a nacer para estas personas  a quienes denominan residentes y no refugiados.

 

Aquí residen 2.200 personas adultas y algo más de 800 niños que pertenecen a 26 grupos étnicos distintos, todos ellos viviendo en una suerte de contenedores similares a los de los barcos de carga. Según el Convenio de Dublín, el primer país al que llegan los refugiados es el que debe atender sus necesidades y donde deben permanecer al menos 7 años. “Allí vi gente con una falta generalizada de esperanza, gente privada de tener sueños. Puesto que su estancia en el campo se va a prolongar largo tiempo, nuestra tarea era dignificarles como personas, hacer de su campo su hogar en la medida de lo posible. La guerra en sus países de origen unida a la pésima gestión de la Unión Europea está generando una situación donde a estas personas les está prohibido tener ilusiones”, explicó Miguel.

 

Miguel de la Huerga. / Foto: José Luis Alcalde

 

Marta trabajó como pediatra en un hospital de Ecuador ayudando a los médicos de allí y compartiendo experiencias. “La medicina en ese país está realizando un gran esfuerzo para que la salud y la sanidad global pasen a ser un derecho de las personas y no un privilegio. Vuelvo con conciencia y sentido de la responsabilidad. Vivo en un entorno con muchas facilidades y no quería estar allí como un turista pasajero”, nos contó Marta.

 

Marta Campano. / Foto: José Luis Alcalde

 

Juan está realizando estudios de medicina en la Universidad de Valladolid y viajó hasta Piura, en Perú, con una beca de la Oficina Internacional de Cooperación para el Desarrollo de la propia universidad. Allí colaboró con la organización MANITOS-CANAT. Descubrió que por encima de la pobreza dominaban las enormes desigualdades existentes en el país. “Como tengo conocimientos de medicina, acompañaba a los formadores. Aprendí mucho de ellos y colaboraba en tareas de promoción de la salud, higiene dental, agua y primeros auxilios. Les preocupaba mucho la desnutrición pero lo sorprendente es la existencia de obesidad por la mala calidad de lo que comen”, habló Juan.

 

Juan Piñeyroa. / Foto: José Luis Alcalde

 

Finalizó el acto con José Manuel Huerga poniendo de relieve el contraste entre la actitud de estos jóvenes trabajando con proyectos en construcción frente a las administraciones que no han iniciado siquiera los proyectos que ya deberían estar acabados o al menos en construcción en el barrio de Pilarica. Son las obras de la plaza de Rafael Cano y el túnel entre las calles de Nochevieja y Andrómeda. 891 días después de quedar el barrio encerrado por la desaparición del paso a nivel aún no se han iniciado las obras tantas veces prometidas.

 

La asociación de vecinos entregó a cada participante una maceta con un pequeño árbol y la esperanza de que un buen terreno y unos mínimos cuidados permitan su desarrollo. Todo un símbolo para esta actividad.

 

 


 

 

Con los ojos de Masub

“Masub era sastre en una pequeña localidad cerca de Kabul, en Afganistán. Tenía una pequeña empresa con bastante éxito. Vivía con su familia, con sus hermanos. No estaba casado todavía. A cincuenta kilómetros de Kabul estaban los talibanes que en un momento dado llegaron a su pueblo. Le ofrecieron mucho dinero si trabajaba para ellos confeccionando uniformes y banderas. Iba a tener un gran sueldo, casa y coche. Por una cuestión de principios decidió no colaborar con asesinos y huyó del país. Ahora mismo lleva dos años encerrado en este campo de refugiados en Grecia. Colabora en las actividades del campo con un taller de costura para mujeres".

Miguel de la Huerga

 

 

Con los ojos de Mario

“Me dejaron atender un parto en el hospital de Ecuador. Los padres del bebé hablaban muy deprisa y me costó entenderles pero creo que le pusieron Mario. Fue mi primer bebé".

Marta Campano

 

 

Con los ojos de Gabi

“Gabi es la actual directora de CANAT en Piura con los tres programas que tiene: Manitos Jugando, Manitos Trabajando y Manitos Creciendo. Es natural de allí y siempre quiso ser profesora aunque luego se le truncaron esas esperanzas. Desde pequeña, en verano visitaba un pueblo que se llama La Tortuga, situado en la costa cerca de Piura. Allí veía las malas condiciones de vida que tenían los niños. Eso la llevó a CANAT a iniciar el programa de Manitos Creciendo, que es como una formación profesional donde enseñan oficios.  Lo interesante y bonito del programa es que todos esos adolescentes que se han beneficiado del programa y han aprendido a ser cocineros, mecánicos o trabajar en la industria textil, han encontrado muchos de ellos trabajo con posterioridad y se han convertido en líderes con competencias y actitudes para una vida social activa. El programa les ha rescatado de una situación de ausencia de escolarización. Es curioso porque los profesores del programa, los que enseñan los oficios, son antiguos manitos que estuvieron en el mismo programa. Es bonito pensar cómo el proceso se va retroalimentando. De hecho, Gabi ya no lo dirige, sino que lo hace una chica a quien dio clase en los orígenes. Además es la persona encargada de acoger a la gente extranjera que va a CANAT y nos trata muy bien”.

Juan Piñeyroa

 

 

Con los ojos de Saweila

“Saweila es una chica de unos 26 o 27 años. No sabe su edad porque allí todavía no censan a los niños cuando nacen. Tiene dos hijos: una niña de cuatro años y un niño de seis. Tiene un marido pero no viven con él porque vive en una casa aparte. Ese marido también tiene otra mujer porque son musulmanes y pueden tener más de una esposa. Se dedica a preparar y vender cacahuetes y a veces hace comida y la vende a personas que pasan por Larabanga. En eso consiste su vida. Va al pantano, coge agua, lava la ropa, hace la comida para sus hijos. Cada vez que quiere hacer algo tiene que pedir permiso a su marido. No siempre se lo da. Está condicionada por él.”

Raquel García

 

 

Con los ojos de Madani

“Madani. Madani es un hombre mágico del desierto. Madani, sin ser otra cosa que Madani, es el Sáhara completo. Madani es nómada y no tiene hogar, pero está intentando fabricarlo. Madani sabe buscar agua bajo las dunas con un huevo. Madani sabe buscar agua bajo las dunas con una rama de palmera. Madani te enseña a hacerlo. Madani me enseñó a ser libre. Madani ha sido preso por una guerra opresora. No sabe la edad que tiene, solo sabe que nació en verano. Sabe de estrellas y las llama por su nombre. Madani es la poesía viva escrita en la arena. A Madani se le lleva el viento, como a sus versos. Madani es el hachís más puro, el licor de dátil y la leche de camella. A Madani le gusta el queso. A Madani fue a quien fui a ayudar pero Madani me ayudó a mi. Madani me enseño cómo ser libre”.

Violeta González

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