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Redacción
Miércoles, 14 de marzo de 2018
El último film

Soy James Dean, un rebelde sin causa

Noticia clasificada en: El último film Graciela Mantiñan

Graciela Mantiñan

 

 

 

 

Bueno, así se llamó una de las tres películas que protagonicé y que se estrenó después de mi muerte. Tenía 24 años, mi auto volaba por una carretera y... se encontró con otro auto. “Vivir a tope, morir joven y ser un cadáver bonito” fue siempre la máxima que guió mi accionar. Era una máxima cinematográfica, la enunciaba el protagonista de  “Llamad a cualquier puerta”, una película de 1949.

 

Nací en 1931 y mi madre murió en 1940. Me criaron unos tíos. A los 16 años ya participaba en obras teatrales del colegio, pero también jugaba al béisbol y al baloncesto. En 1951 debuté en una película Bayoneta calada, pero tuve mala suerte: la única frase que pronuncié fue eliminada del diálogo. Hice teatro. En Broadway, mi obra See the jaguar duró tres días en cartel.

 

El éxito llegó con Al este del Edén en 1955, una película basada en una novela de John Steinbeck que narra la terrible historia de dos hermanos que descubren que su padre les ha mentido y su madre no está muerta, ella regentea un burdel. Yo era Cal, ese adolescente que como tantos, cree que su padre ama más a su hermano y se siente confuso y rechazado. Muy solo, busca con desesperación un poco de amor. Los jóvenes idolatraron la película y yo pasé a ser una de las diez estrellas del futuro, según los críticos.

 

Pero Rebelde sin causa fue la película que me transformó en un icono de la desilusión juvenil norteamericana. Allí fui el confundido y desorientado Jimmy Stark, cuyos conflictos obligan a su familia a numerosas mudanzas. En una comisaría de Los Angeles conoce a Natalie Wood que será su amada y a Sal Mineo que será su amigo. Habrá muchas peleas y una… será la final.

 

Después vino Gigante y ahí tuve problemas, discutí con el director: la visión de mi personaje, que era el peón de una rica familia petrolera conformada por Elizabeth Taylor y Rock Hudson. La filmación me parecía muy lenta, era como si sintiera que tenía poco tiempo por delante. En realidad no alcancé a ver este film, ni siquiera concluí mi actuación. Pero con Gigante logré mi segunda nominación al premio Oscar.

 

Sí, mi historia es de película.

 

Hasta mi muerte sólo se había estrenado una de mis películas estelares, pero ya mi foto decoraba el cuarto de millones de jóvenes norteamericanos. Fui una estrella fugaz y sin embargo sobre mí se han escrito más libros que sobre cualquier estrella del cine, excepto, claro está, Marilyn Monroe.

 

Me gustaban la literatura expresionista y el ensayo filosófico, pero también las motos y las camperas de cuero. Fui James Dean y le dí mi rostro a esa declaración de principios que en los años 50 era ser… un rebelde sin causa.

 

THE END

 

 

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