Aviso sobre el Uso de cookies: Utilizamos cookies propias y de terceros para mejorar la experiencia del lector y ofrecer contenidos de interés. Si continúa navegando entendemos que usted acepta nuestra política de cookies. Ver nuestra Política de Privacidad y Cookies
Redacción
Miércoles, 18 de abril de 2018
Relatos micropresos

El día después

Noticia clasificada en: El Gallén Frosty Mario

Frosty

Braulio y sus preguntas

Era una clase de física más, de la física que le gustaba a Braulio. Él siempre tenía las mejores preguntas para las cosas aparentemente más simples, y sin mediar palabra levantó la mano.

– Profe, ¿cómo se puede demostrar que el tiempo existe y que no es una simple invención de nuestra percepción humana?

– Buena pregunta Braulio. Te la voy a contestar y además te voy a decir que eres un chico afortunado. De haber nacido en cualquier siglo pasado solo podría intentar convencerte por medio de la gran divinidad de Dios, pero, por suerte, las cosas han cambiado. Te voy a hacer una pregunta que seguro sabrás; ¿cuántas dimensiones existen según la teoría de la relatividad?

– Cuatro, profe, pero eso es solo una teoría, ¿no?

– Sí, tienes razón. Una teoría que da cuatro dimensiones, tres espaciales y una temporal, pero una teoría demostrada, no una hipótesis. Prácticamente toda nuestra tecnología actual está basada en la famosa ecuación de Einstein: e = MC2, lo que, como sabes, significa energía igual a masa por velocidad de la luz al cuadrado.

– Sí, sí, pero ¿cómo sé que el tiempo es relativo, como dice Einstein, y que además existe?

– Muy bien. Te pondré un ejemplo sencillo y actual. Imagina que tenemos dos relojes atómicos, que son los más exactos que existen para medir esa percepción que llamamos tiempo. Los sincronizamos y cogemos uno y lo guardamos en tu habitación para que no le quites el ojo de encima, y el otro lo enviamos en una Soyuz a una órbita estacionaria alrededor de la Tierra, como las de nuestros satélites. Pues bien, si al cabo de cinco años lo recuperamos, para nuestra sorpresa nos daríamos cuenta de que el que estaba en el espacio se ha atrasado un minuto con respecto al nuestro. ¿Que crees qué habría pasado?

– ¿Que se habría estropeado?

– Podría, pero vamos a imaginar que ninguno de los dos se ha estropeado y, además, sabemos que los relojes atómicos no se atrasan. Entonces, ¿qué crees que ha pasado?

– No lo sé, ¿Qué ha pasado?

– Que el reloj que mandamos al espacio ha estado dando unas ocho vueltas diarias a la tierra a una increíble velocidad de unos 300.00 kilómetros por hora con respecto a nosotros. Su tiempo se ha ralentizado debido a su mayor velocidad con respecto a la nuestra en la tierra, lo que quiere decir, por extraño que parezca, que ese reloj se ha movido por las cuatro dimensiones a una velocidad diferente a la nuestra. De hecho, gracias a esto sabemos que los viajes en el tiempo son posibles. Y es más: hay un astronauta ruso, del que no recuerdo el nombre, que permaneció más de dos años en la MIR, la estación espacial rusa, y actualmente ostenta el récord de viaje en el tiempo.

Ha viajado casi un segundo al futuro. Su reloj, al viajar tan rápido durante tanto tiempo, se ha ralentizado y ahora es un segundo menos viejo. Por esta razón es por la que los satélites tienen que reprogramar sus relojes atómicos cada cierto tiempo para que todo nuestro sistema tecnológico, del que tanto dependemos, no se descoordine y sea posible utilizarlo.

– Y yo, ¿podría viajar al futuro?

– ¡Desde luego que podrías! Al igual que nos podemos mover en las tres dimensiones espaciales, altura anchura y profundidad, podemos movernos por la cuarta, el tiempo. Si te montaras en un tren durante una hora y viajaras alrededor de la tierra a una velocidad cercana a la de la luz, 300.000 kilómetros por segundo, tú no notarías nada. Solo habría pasado una hora, pero al bajar y terminar tu trayecto en esa vía de tren, te darías cuenta de que en la Tierra ha pasado una década. Te habría pasado lo mismo que le pasa a nuestros satélites, pero a una escala muchísimo mayor. ¿Curioso, no?

– Sí, joder, y... ¿podría viajar al pasado?

– Para viajar al pasado los inconvenientes son distintos, pero creo que lo dejamos por hoy. Nos hemos quedado sin tiempo... ¡Muy bien, hoy no habrá deberes! ¡Hasta la semana que viene!

 

 

Mario

El preso número 1

El acusado, aún sin pruebas concluyentes, ya estaba entre rejas en una caseta improvisada mientras preparaban la horca. La multitud estaba enfurecida. Unos gritaban ¡que muera, que muera! Otros, en cambio; ¡no, por Dios, es inocente! Muchos otros, indiferentes, no tomaban partido a ningún lado. 

El preso, tembloroso, se decía para sí, “Madre mía, no puede ser, no puede ser”. Luego, en silencio, invoco a los santos en estos términos: “Hay, san Siro, con los que me quieren ahorcar acaba de un tiro. Hay, san Fausto, que me estoy meando del susto. Hay, san Fernando, mira cómo estoy enfermando”.

Todo esto sucedió el primer día de la semana. Días más tarde todo se había calmado. El acusado ya estaba en casa. Luego decidió abandonar este pueblo para siempre.

 

 

El Gallén

La vuelta

Cuándo cerró los ojos se dio cuenta que las cosas iban a ser mejor de lo que esperaba. Esteban solo llevaba un día tras haber llegado a su tierra y toda su familia se movía en torno a él. Hicieron un asado y se reunieron todos el mismo día que llegó. La felicidad por su llegada hacía que algunas lágrimas sonrieran al mundo. Llevaba mucho tiempo lejos de su familia y su madre y su hermana se aferraron a él en un abrazo que sobrepasó los cinco minutos. A las 8 de la mañana del día siguiente tenía que hacer un currículum para enviárselo a un tío que tenía una bolsa de empleo. Pensaba en lo extraño que era ahora para él recibir tanta atención después de pasar tanto tiempo en segundo plano.

palabras menores • Términos de usoMapa del sitio
© 2018 • Todos los derechos reservados
Powered by FolioePress