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Redacción
Jueves, 26 de abril de 2018
Continúan los actos de celebración del 50 aniversario

La fe en la parroquia de Pilarica

La iglesia Nuestra Señora del Pilar, en el barrio Pilarica, cumple cincuenta años en el barrio. Por eso, desde la parroquia han preparado varias actividades para celebrarlo. Los días 19 y 20 de abril se ofrecieron dos charlas: "Transmisión de la fe en la parroquia" y "Cristianos en la vida pública".

María Arranz Gil-Albarellos

 

 

 

Transmisión de la fe en la parroquia

 

La parroquia de Pilarica ha vivido muchos años “creando vida”. El pasado 19 de abril nuestro querido Sabo, José Luis Saborido, nos lo recordaba afectuosamente y nos ayudaba a comprender mejor qué puede significar esto de la “transmisión de la fe”. Porque la fe no se transmite sino que se contagia a través del testimonio personal, o las actitudes. Del mismo modo, la fe se propone como una oferta libre, se comparte entre sujetos que se interpelan mutuamente en un terreno previamente preparado y abonado; ahora bien, ¿cómo hacer todo esto ahora en la Parroquia?

 

En una sociedad tan secularizada podemos caer en la tentación de infantilizar la catequesis, de convertirla en una clase más, una materia más para estudiar, cuando lo verdaderamente importante es el encuentro con Jesús. Nos decía Sabo que no puede haber fe sin la experiencia religiosa primera. Nos preocupa la salud, la casa, los hijos, los amigos, el trabajo... ¿y dónde queda Dios? Necesitamos una comunidad abierta donde cada uno lleve su proceso acompañado, niños y adultos compartiendo la fe y creciendo en el mismo camino, aunque cada uno se encuentre en un punto diferente, la meta es la misma, como hemos vivido durante tantos años.

 

 

Las palabras de Sabo nos hacen preguntarnos qué pasos podemos dar en la Parroquia para facilitar la tan necesitada catequesis misionera. Que el primer anuncio de la fe siempre esté en boca de nuestros catequistas, y de todos, porque al final, todos somos catequistas en la comunidad parroquial, todos podemos hacer realidad la fe cristiana, ese “Venid y veréis”. Todos podemos crear una comunidad viva, activa, con la idea de que “lo nuestro es otra cosa”, se sale de lo común: en Pilarica somos una gran familia con Jesús en el centro de todo. Y como pertenecientes a una parroquia que acoge, ofreceremos la fe de un modo absolutamente libre a todo aquel que la quiera recibir.

 

 

Compromiso social en la parroquia

 

En nuestra Parroquia siempre hemos estado preocupados por los asuntos públicos con la unión de fe, compromiso, futuro y militancia. Cipri nos hablaba el pasado viernes de cuatro cosas imprescindibles que la parroquia de Pilarica enseñó a sus vecinos: “mirar”, “soñar”, “creer” y “esperar”. Nos invitaba a reflexionar sobre la vida pública de los cristianos a través de tres momentos diferentes: hacerse cargo de la realidad, cargar con ella y encargarse de ella. Algunos textos bíblicos significativos que nos pueden ayudar a realizar esta difícil tarea son el buen samaritano (Lc, 10) y el milagro de los panes y los peces (Mt, 15). De una manera preocupada y activa Pilarica ha estado en la realidad y, ¿cómo está Dios en esta realidad parroquial, del barrio? ¿Qué nos pide Dios en la parroquia?

 

La Pilarica ha sido militante cristiana, ha visto la realidad en una zona marginada, afectada por la desigualdad, al igual que está ahora afectada. Poco a poco se vio la realidad y se luchó por su mejora compartiendo, como Jesús lo hizo con los panes y peces. Los años de carencia nos enseñaron a mirar las necesidades y reconocer las propias capacidades para solucionarlas. Creció la fe en la gente y el amor al barrio y a los demás, sin renunciar nunca a la alegría, la celebración y la fiesta. Nos hablaba Cipri del aprendizaje y la experiencia cada día del encuentro y cómo en ese encuentro estaba la fuerza.

 

 

Han sido 50 años de vida, de solidaridad, de culto, de gente que caía y se volvía a levantar, de esfuerzo, lucha... y de sueños. Lo celebrativo era momento para seguir soñando con la solidaridad. Siempre con la esperanza cristiana de seguir intentándolo, volver a levantarnos tras haber tropezado y conseguir una realidad distinta. Soñar sin despegarse de la realidad abrazando y mirando el mundo desde Dios, pero también esperando, con paciencia, sin querer avanzar más rápido de las posibilidades de la gente y la misma Parroquia. Cipri se despedía de nosotros recordándonos que la Parroquia también aprendió del barrio, el pueblo enseñó mucho. Qué importante fue (y es) toda la gente buena y digna. Bendito el lugar.

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