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Redacción
Miércoles, 2 de mayo de 2018
Conformismo

Bailando sin música

Noticia clasificada en: David

–– Quién sabe –dijo la Maga-. A mí me parece que los peces ya no quieren salir de la pecera, casi nunca tocan el vidrio con la nariz.

Gregorovius pensó que en alguna parte Chestov había hablado de peceras con un tabique móvil que en un momento dado podía sacarse sin que el pez habituado al compartimiento se decidiera jamás a pasar al otro lado. Llegar hasta un punto del agua, girar, volverse, sin saber que ya no hay obstáculo, que bastaría seguir avanzando...

–– Pero el amor también podría ser eso –dijo Gregorovius -. Qué maravilla estar admirando a los peces en su pecera y de golpe verlos pasar al aire libre, irse como palomas. Una esperanza idiota, claro. Todos retrocedemos por miedo de frotarnos la nariz con algo desagradable. De la nariz como límite del mundo, tema de disertación.

[Rayuela. Capítulo 25. Julio Cortázar]

 

 

David

 

Nadando en tu pecera, y tú en la mía.

 

Una felicidad más que austera, mirándonos detrás del cristal sin podernos acaso tocar. A veces jugamos, tú pasas contoneándote, moviendo la colita y me pongo panza arriba simulando morir. Luego bailamos sin música de lado a lado.

 

Unas veces corro solo para esperarte al dar la vuelta. Otras voy zigzagueando como si no me importases. Pero, ¿acaso sería feliz sin tu pecera, sin haberte conocido, amado o sentido? Solo espero volver a nadar junto a ti, fuera de peceras, sin importarme que sea un largo río o un mar... mientras sigamos nadando juntos.

 

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