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Redacción
Jueves, 3 de mayo de 2018
El alumnado del Gabriel y Galán habla con Mónica, del bar El Portillano, para "Mi barrio y yo"

"No hay cosa que no pueda aprender, si otra persona puede, ¿por qué yo no?

Noticia clasificada en: Mi barrio y yo Sara Lázaro

Sara Lázaro

 

 

 

“Hay que esforzarse mucho para conseguir las cosas” o “mudarse de país es para personas valientes y optimistas y Mónica es las dos cosas”, fueron algunas de las reflexiones que compartimos las profes, los alumnos y Palabras Menores tras la visita de Mónica al colegio Gabriel y Galán. Los niños y niñas tuvieron la oportunidad de hablar con ella bajo el proyecto "Mi barrio y yo", que llevamos a cabo en este centro y en el colegio de Educación Especial Número 1, y que pretende acercar a las aulas el entorno más próximo de los alumnos mediante encuentros que ellos preparan desde su curiosidad ante la persona y los roles que representa (vejez, inmigración, cultura, mujer...).

 

Mónica es una mujer rumana de 37 años y que llegó a España hace 16. Su nombre de pila es Ramona Ionica Zdrinca, pero cuando descubrió junto con algunos españoles la famosa canción decidieron empezar a referise a ella como Mónica. Ella ha reabierto el bar El Portillano, uno de los establecimientos más clásicos del barrio de Pilarica. Sus 37 años incluyen una larga trayectoria de luchas y dificultades para llegar a este momento.

 

Algunos de los chicos del Gabriel y Galán también vienen de Rumanía, de Honduras, de Guinea, otros son payos, gitanos... “¿De dónde vienes?, ¿cómo es ese lugar?”, le preguntaba Leo, que curiosamente también es de Rumanía, de Bucarest. “Vengo de Craiova, en el centro de Rumanía. Es una ciudad muy bonita que ha ido cambiando mucho y se ha reformado casi todo. En general Rumanía está evolucionando mucho”. Los chicos del colegio y sus familias tampoco tienen vidas fáciles y en el encuentro vivido en las aulas pudimos conversar sobre ello.

 

 

 

El traslado

 

"¿Cuándo y cómo fue la decisión de venir a España”, seguía Nazaret. "Fue en 2002. Estábamos mi marido y yo trabajando en un restaurante y uno de los compañeros tenía familia en Valladolid. Los tres, junto con mi padre, nos fuimos", le respondió. "Mi intención era poder progresar y criar a mis hijos. Primero fui sin mi hija, la dejé cuando tenía dos años con mi hermano. Con tres años, cuando volví, no me reconocía", le explicó a Jessica cuando le preguntó sobre las relaciones a distancia. "Sólo hablábamos por teléfono. Su abuela era su madre".

 

"¿Por qué España?", se preguntaba Kevin.Fue la oportundiad que surgió en ese momento. Además, a mí me gustaba mucho el idioma y por las telenovelas que veía en español en Rumanía entendía muchísimo. En casi dos semanas empecé a hablar”, le contaba a Silvia

 

 

La lucha

 

“Estuvimos compartiendo pisos, moviéndonos mucho, llevándonos muchos palos, porque éramos novatos. Uno de los duros fue en Santander, estuve como un mes pidiendo en la calle, no encontrábamos nada y no conocíamos a nadie. Teníamos que pagar donde estabamos. Dormíamos en la playa. Es muy difícil vivir sin ni siquiera poder lavarte en condiciones. Mi padre lloraba y quería volver antes que estar en la calle. Pero yo decía que pasase lo que pasase yo me quedaba para seguir adelante. Al final mi padre encontró trabajo y conseguimos ahorrar un poco de dinero”, les contaba.

 

Los alumnos son todavía niños, pero algún día dejarán de serlo. Leo y Gabriel vinieron de Rumanía muy pequeños y los padres de Bilal son de Marruecos. Seguro que sus familias conocen muy bien las dificultades que ha vivido Mónica para seguir adelante. “Aconsejaría a otros que emigran que no pierdan la fe, que siempre puedes hacer lo que quieres. No paro hasta que llego donde quiero. Me ha tocado varias veces empezar de cero, pero si estás decidido lo vas a conseguir. Todo se hace con esfuerzo. He dormido poco y trabajado mucho. También hay que repartirse, mi marido y yo nos compaginamos entre los dos la casa y el bar: queremos que nuestra hija estudie”, le respondió a Antonio Miranda.

 

“Mi mayor miedo si me fuera a otro país sería estar solo y no tener amigos. Que no me aceptaran como soy”, dice Bilal. “Que no quieran que esté allí, porque no sepa el idioma, porque soy de otro país”, decía Antonio Miranda. “Me ha tocado trabajar en el campo, cuidado de mayores, como teleoperadora, en almacén, de cocinera, de camarera. El segundo día después de recoger patatas no podía ni mover las piernas, pero seguí. Ningún trabajo me da vergüenza. No hay cosa que yo no pueda aprender. Si otra persona puede, ¿por qué yo no?”, contestaba Mónica a Antonio López

 

Los chicos quieren ser peluqueros, policías, vendedores de coches, pasteleras, abogados, actores. Todos estábamos de acuerdo en lo que tendrán que hacer para conseguirlo: mucha, mucha lucha.

 

 

 

La familia y la cultura

 

Las historias de inmigrantes son historias de familias, tanto para los que se quedan como para los que marchan. La familia casi al completo de Monica está en España. Su hermano tiene un bar como ella y su madre trabaja en servicio doméstico. “A mi madre fue a la que les costó mas adaptarse. Lloraba mucho, echaba mucho de menos Rumanía", decía mientras miraba a Rober, que le había preguntado sobre su familia. Alexis, de Honduras, llegó a Valladolid hace poco, y cuando aterrizó en el País Vasco, con el euskera en el colegio recordaba también esa sensación de extrañeza.

 

“Al principio yo también me sentía un poco apartada. Con el primer bar me costó bastante. Es cierto que a algunas personas de primeras tienen cierto recelos porque eres rumano pero al final, si demuestras que eres trabajador y honesto te quieren. Soy alegre, optimista, positiva y me va aceptando todo el mundo", le contestaba a Andrés sobre cómo se sentía en el entorno.

 

"¿Con qué te quedas de la cultura rumana y española?", preguntaba Rubí Fernández. “Creo que nos parecemos bastante rumanos y españoles. Me quedo con muchas tradiciones rumanas, sigo celebrando como se puede a la rumana , pintamos huevos rojos en Navidades y mantengo la cocina. Muchas veces he cocinado comida rumana en mis bares y a los españoles les ha encantado”, le contestaba Mónica.

 

 

Gitanos y generaciones en Rumanía

 

En el aula hay una inmensa mayoría de gitanos. Uno de los temas más interesantes y que más curiosidad generó en las sesiones preparatorias era saber cómo eran los gitanos allí. Rubí Ramírez le preguntó sobre ello y Mónica le dijo que “hay muchas clases de gitanos en Rumanía, algunos viven con los payos, trabajan y viven juntos.  Muchos de los que están en los pueblos tienen vidas muy tradicionales y son un poco apartados por la gente. Otros no han ido al colegio y no salen de allí nunca. Muchas mujeres se casan jóvenes y no van a la escuela. Yo creo que con 12 años no se puede escoger algo tan importante.”

 

“Yo me casé con 17 años pero mi hija, que también tiene 17, no ha tenido novios”. “¿Si tuviera novio te lo diria?, preguntaba Nazaret. “Sí, está en edad de tener novios y yo quiero que me lo cuente, pero está centrada en estudiar. Forma parte del grupo de diez mejores alumos de La Merced, hacen investigaciones y excursiones. Trabaja mucho, nunca va con algo sin hacer, se parece a su madre”, le contestaba Mónica. “No quiero que ellos pasen por lo mismo que yo pasé”, continúa hablando de sus hijos, "aunque a veces los problemas te empujan de la familia”, decía mientras la profesora de sexto, Ángela, afirmaba con la cabeza.

 

 

El negocio

 

José Luis dijo lo que muchos nos preguntábamos: “¿Cómo ha sido volver a abrir un negocio tan antiguo? ¿Cómo lo han recibido los clientes?” “He trabajado bien desde siempre y me he ganado sus confianza, me han ayudado muchos proveedores que no ayudan a todo el mundo. El bar va mejorando cada vez más y la gente nos ha recbidio muy bien”, les contó a los chicos.

 

“Mi negocio en Rumanía no iría muy bien”, le decía a Janet. “Los sueldos son muy pequeños, la gente no tiene mucho dinero. No puedo seguir para adelante allí. No podíamos ni vivir con lo que ganábamos”.

 

 

Y, ¿la vuelta?

 

"¿Piensas alguna vez cómo sería tu vida en Rumanía?", le planteaba Gabriel. “Creo que mi vida en Rumanía sería muy diferente. Ya probé volver. En 2014 intenté poner un negocio allí con lo ahorrado pero no daba dinero suficiente. Me encontraba muy española y muy extraña”, concluyó Mónica.

 

No he pensado en volver, quizás cuando me jubile la tierra me llame. De momento mi vida está con mis hijos aquí”

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