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Redacción
Miércoles, 16 de mayo de 2018
Mónica habla sobre su año Erasmus en Francia

Esta ha sido mi experiencia: ¿comienzas la tuya?

Mónica Delgado

 

 

 

Hace unas semanas, hablando con una amiga por teléfono, me comentó que tenía intención de solicitar la beca Erasmus para el próximo año. Entonces me preguntó dubitativa qué opinaba al respecto, ahora que estoy pasando el curso en el extranjero, más concretamente en Francia. Me quedé pensando durante unos minutos qué consejos serían buenos, o si al menos uno de ellos lo podría ser, puesto que primero de todo hay que tener en cuenta que cada experiencia es un mundo y, sobre todo, ya llegando al final de mi Erasmus, que no todo el mundo está preparado para vivirlo.

 

Lo cierto es que me hace gracia cuando la gente opina y habla sin saber, porque a fin de cuentas a veces parece ser el deporte por excelencia. Desde muy cerca he sido testigo de cómo varias personas renunciaban a su Erasmus por no verse preparadas para ello, pues, o no estaban acostumbradas a vivir solas, o no podían estar separadas de su pareja, o por un sin fín de motivos más. Todo depende de la madurez.

 

Y entonces, pasados algunos minutos le empecé a contar a Susana lo que ha hecho del Erasmus uno de los años más inolvidables de mi vida.

 

En este punto entraban muchos factores en juego, pero si hablo de lo que ha hecho de esta experiencia algo tan único, ha sido el cambio personal. Supongo que cuando sales fuera de tu zona de confort, empiezas a conocerte mucho mejor e incluso a modificar ciertos hábitos que no te gustan. Cosas que descubres una vez que vives solo y pasas tantas horas contigo mismo. A veces, este cambio también viene asociado a la cantidad de personas diferentes que llegas a conocer a lo largo del curso y, especialmente, a viajar. Sin duda, para mí viajar es una de las formas más bonitas y directas de conocer y aprender.

 

Como estudiante universitaria, además, supongo que estoy obligada a hablar del aprendizaje en la universidad. Aunque he conocido de todo, como amigos que no se han presentado ni siquiera a una clase porque para ellos el Erasmus ha sido únicamente una excusa para salir todo lo que no habían hecho antes; creo que empezar de cero en una universidad de otro país puede aportar muchísimo, desde una estrecha amistad con un nativo hasta una total independencia, lo que supone que si uno mismo no se encarga de sus propios estudios, no tendrá a segundas o terceras personas que le cubran las espaldas.

 

Y después de ocho meses con infinidad de experiencias vividas, me presento a solo uno, lo justo para darme cuenta de que no quiero volver, y me asusta ya que que cuando cogí las maletas en septiembre no pude evitar que se escapasen las lágrimas pensando que no estaría hecha para esto, que tal vez me había vuelto loca y me preguntaba sin parar si habría al menos una forma de volver a atrás.

 

Es inevitable reformular ahora la pregunta sobre si sería posible recuperar de alguna manera el tiempo perdido y empezar de nuevo desde septiembre. El tiempo vuela y parece que acabaras de llegar. Así mismo, con los días tan contados, me doy cuenta de algo mucho más importante y es el interés que he dejado de tener por algunas personas y el que le he sumado a otras pocas. Ahora eres capaz de contar con los dedos de una mano a quién llamarías un día para tomar un café, las ganas que tienes de dar un abrazo a tus padres. El Erasmus te muestra verdaderamente lo que quieres y te enseña a valorar las cosas en su justa medida.

 

Así que ese sería mi consejo, amiga: vete de Erasmus porque es la única forma de que aprendas a vivir.

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