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Redacción
Miércoles, 23 de mayo de 2018
Corazonadas de la India

Viajar no se acaba

Noticia clasificada en: Corazonadas de la India Marina Escudero

Marina Escudero

 

 

 

Lo que no se acaba

 

Era el día en el que India celebraba su independencia y las calles de Nueva Delhi estaban más caóticas y gritonas de lo normal. El calor de agosto había llegado a ser insoportable y los nervios recorrían por pelo, piel, músculos y uñas. Volvíamos a casa.

 

El vuelo tenía dos escalas, aunque en una solamente paramos para recoger a más pasajeros. No llegamos si quiera a salir del avión. Los que montaron hablaban ya español y desde ese momento, en Arabia Saudí, no paré de llorar hasta Barajas. Volvíamos a Palencia, un 14 de agosto en el que me comí un chuletón, una paella, unas croquetas y un bocadillo de jamón antes de las tres de la tarde.

 

Mi primer sentimiento fue impulsivo: nunca más quería viajar tan lejos. No quiero volver a sentirme tan fuera de casa y tan desprotegida. Pero, como predijo mi padre, al poco se me pasó.

 

Es entonces cuando empecé a pensar en todo lo que había vivido, aprendido y desaprendido. Re-comezar ahora de cero iba a ser complicado, se iniciaba en ese momento el postviaje. Ese punto en el que debes pararte a analizar todo lo vivido y a intentar ordenar unas ideas inexpresables por complejas. Parece que uno no se da realmente cuenta de lo que está viviendo, hasta que lo compara con su día a día normal y rutinario. O por lo menos eso me pasó y me está pasando a mí.

 

Una noche de septiembre, cuando ya me había acostumbrado de nuevo a dormir tapada con una manta y sin los ruidos del tráfico de fondo, me di cuenta al acostarme de que viajar es aquello que no se acaba. Nunca tendría el dinero ni el tiempo suficiente como para terminar de viajar, sino que tendría que escoger a dónde, cuándo y por qué querría conocer cualquier punto de la tierra, lo desconocido. Esta idea me enamoró.

 

Siempre habrá otro tren, otro barco, otro avión otra bicicleta para continuar lo he empezado en La India. Viajar, recorrer el mundo sin ser turista. Comprendiendo que cada paso puede ser diferente y no debe darse sin intentar conocer antes algo de lo que se va a encontrar en la nueva pisada. Sin dejar huella. Sin que mi presencia enturbie más de lo debido. Sin ser protagonista, sin ser egoísta, sin imponer. Pero con ganas de conocer, de descubrir, de vivirlo todo, de escuchar y de entender. Porque esto tampoco se acaba nunca.

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