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Redacción
Lunes, 18 de junio de 2018
Relatos micropresos

Cuándo

Noticia clasificada en: Alfil Negro El Gallén Frosty Marcelo

Frosty

440

Después de 440 domingos los lunes no han cambiado y, aún así, su compañero sigue fiel, sin fisuras. Si ha cambiado en algo es más bien en la persistencia de su objetivo. Es precisamente por eso por lo que cada domingo, con los últimos tonos de luz del día, se acerca en silencio y con un simple cruce de minutos estos dos extraños amigos saben, como ya es costumbre, que hoy no hay nada que dar.

- Realmente no sé cuándo, amigo.

 

 

Marcelo

Se busca

Se trataba de la palabra del millón en aquel lugar. En realidad no servía para nada, pero todo el mundo quería saber de ella. Te fundaban falsas esperanzas para coserte la boca e ir colocándola un poco más lejos. Todo el mundo sabía donde encontrarla, pero seguían agarrándose a los clavos ardientes. Daba igual qué hacer, qué pensar: las cartas estaban echadas. No servía fustigarse. La mejor opción era echarse de esposa a una tal paciencia y seguir viviendo.

 

 

Alfil Negro

Fregadero atascado

“Cuando”, qué palabra tan interesante. La dicen mucho los niños, que parece que persiguen ese vocablo, que les intriga: quieren ir a la playa, pero ha llovido; quieren los regalos, la comida, el recreo, que les cuentes un cuento, que le salgan los dientes. Se vuelven locos esperando ese cuándo.

Y luego, en la vida te das cuenta que esas seis letras llegan en el momento menos inesperado, pues depende de otra palabra: “tiempo”. 

Y más tarde, cuando eres viejo, la usas mucho, pues ya estás de vuelta. Viene a tu boca para recordar tus batallas, la cuadrilla, la mili, las fiestas, las novias...

Yo tengo muchos cuándos en mi vida a los que no puedo contestar. Entonces, el cuando es curioso, y creo que es primo y sobrino del cómo y del porqué, e hijo ilegitimo de la casualidad, bastardo del azar y hermano de la desesperación.

 

 

El Gallén

Se perdió la humildad

Nadie daba razón a Presuntuo. Se le había perdido la humildad y no sabía en qué momento. Si trataba de hacer memoria, no recordaba ser humilde desde hacía mucho tiempo. Estaba sin trabajo y no lo conseguía por ser demasiado suntuoso. Siempre que lo iba a pedir no lo conseguía por ser sobrado y prepotente. Como daba por hecho que el trabajo era suyo, llegaba tarde a la entrevista y no le tomaban en cuenta.

Un día, frente al espejo, empezó a recordar su niñez, cuando era un niño humilde y tenía muchos amigos. Después llego a la adolescencia y recordaba a un ser joven alegre, carismático y con muchos amigos. Después de salir del colegio en su mente se formaba una nube que le impedía recordar cómo era en la universidad. 

Se acordó de su amiga la ironía y la llamó para preguntarle qué opinaba de él. Ella le respondió:

–– Eres un tío de puta madre, humilde, y que te preocupas más por los demás que por ti mismo. Me tienes a mí, a la tristeza y a la soledad para lo que necesites.

Entonces sintió un escalofrío y le colgó el teléfono.Y siguió recordando para saber en qué punto de su vida cambió su forma de ser

 

 

Manuel

[Cuando. Adverbio de tiempo  | Introduce oraciones de matiz temporal en el significado de: en el punto, en el tiempo]

Me decía entrecortado: siento la cabeza muy pesada y más grande de lo normal, estoy sordo y tengo dificultad para ver, espero recuperarme pronto y sin secuelas de este primer y gran paludismo. Hacía calor, las mujeres cantaban, los niños jugaban, unos y otros buscando sombra para protegerse del sol y agua para refrescarse.

De un momento a otro se corrió la noticia mundial en este día 11 de septiembre de 2001: unos aviones atacaban las torres gemelas. Días más tarde se conoció el alcance de la destrucción material y la muerte de muchos inocentes.

 

 

Pedro

La teoría de la imposibilidad

Era pequeñito con relatividad. El día llego por fin sin poder dormir. Exultante y exhausto llegué a ver a mi amor. Con mi primera poesía en la mano creía que era invencible y que el amo era yo.

Salimos al recreo y ni me miró. Fui hacia ella y se la di. Su pelo de terciopelo reflejaba el sol y dos luceros por ojos me desafiaron, mandándome muy lejos: me quedé sin expresión. 

Mi primera poesía, mi primer desamor. ¡Joder, qué día más duro!, ¡nunca lo olvidaré! 

Laberinto con una expresión, todo por el suelo. Así como yo aquel día decidí, muy a mi pesar ,que el amor es un mito y que se iban a cagar. 

Mi llanto fue mi regocijo. Pasé una noche mirando los luceros (las estrellas). A día de hoy la pregunta siempre es dura, al igual que mi contestación.

– ¡Ábrele las puertas al amor! – Sí las tengo abiertas, siempre digo yo, pero cuando lo intentan con ella les doy yo.

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