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Redacción
Lunes, 25 de junio de 2018
Los usuarios del Centro de Mayores de San Juan disfrutan de un taller de pirograbado donde aprenden a dibujar de otra manera

Fuego que pinta

Noticia clasificada en: Eva Martín

Eva Martín

 

 

 

Estamos en el Centro de Mayores de San Juan, en la calle Santa Lucía, y hemos tenido el placer de entrevistar a la directora del Centro: Berta Martínez. Este centro se configura dentro de la red del Ayuntamiento de Valladolid y prácticamente todas las actividades que se realizan promocionan el envejecimiento activo de las personas mayores.

 

Hay diferentes áreas de trabajo, que van desde el fomento de la vida saludable a través del ejercicio físico, hasta actividades culturales, manuales o de animación, como bailes. Según Berta, todas ellas han tenido una gran aceptación.

 

Para poder formar parte de este centro y de las ofertas que propone, se requiere estar empadronados en la ciudad de Valladolid, ser mayor de 60 años o 55 en el caso de personas prejubiladas. Las personas de todos los barrios pueden acceder a la red de doce  centros de este tipo, en función de donde vivan.

 

En concreto, en el Centro de Mayores de San Juan, las recientes reformas han trasformado el edificio en un espacio más abierto y funcional, que cuenta con salas amplias para realizar todas las actividades. “Antes estábamos más aglutinados y no podíamos tener esa visión que tenemos ahora”, comenta Berta. “San Juan fue un centro pionero, es el más antiguo de todos y las nuevas infraestructuras, han dado un empuje para disfrutar de las actividades que se hacen. Ya no es un viejo, donde sólo acuden personas que ya han pasado su etapa laboral y no quieren realizar ninguna otra actividad”, añade.

 

En relación con los profesores y los trabajadores del centro, hay varias figuras. La primera es el personal contratado, que son monitores de los talleres, es decir, trabajadores de una empresa adscritos al Ayuntamiento, que subvenciona casi totalmente este coste.

 

Pero, por otra parte, en la realización de los talleres también participan voluntarios. Son normalmente personas mayores que quieren prestar su tiempo y sus habilidades para enseñar a otros y transmitirles conocimientos. “Han pasado por aquí, desde profesores que se han jubilado y quieren seguir dando clases, a alguien que tenga una afición, una habilidad muy grande, como por ejemplo la costura…”, explica la directora, que aclara que lo esencial para colaborar es tener voluntad “no ser un experto”.

 

Además de los talleres, en el centro se organizan todo tipo de exposiciones, representaciones teatrales o conciertos, especialmente orientadas al sector de las personas mayores. Estas propuestas se ofertan en todos los centros de personas mayores, donde habitualmente se reparten o se venden las entradas.

 

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Pero sin duda, una de las actividades más especiales que el centro San Juan acoge es el taller de pirograbado, donde nos encontramos con su profesor Ángel. “Con este taller cumplo un trabajo que me he asignado a mí mismo, porque a mí siempre me ha interesado el dibujo artístico, aunque no me he dedicado a ello profesionalmente”, apunta.

 

Ángel cuenta, que fue su hermano quien hace tiempo le propuso encargarse de esta actividad, aunque no dominaba esta técnica. “Un día vine a ver el taller y me animé porque yo desde pequeño he dominado el dibujo, siempre tenía los libros del colegio llenos de personajes de los tebeos”, recuerda divertido.

 

Desde ese momento han pasado ya 20 años en los que Ángel, de forma autodidacta, ha estado “metido en este lío”, que al principio no le convenció del todo. “No me gustaba mucho porque el dibujo era un poco plano, sin perspectiva. Pero me puse a darle sombreados para darle volumen, y así consigo trabajos bastante buenos”.

 

La paciencia es la principal cualidad necesaria para desarrollar esta actividad, que lleva muchas horas de dedicación. Por ejemplo: una obra en carboncillo que costaría dos o tres horas de trabajo se convierten en 30 horas utilizando la técnica del pirograbado. Paciencia para realizar un trabajo y para dominar la técnica. En esto se especializan los alumnos que cada miércoles y viernes acuden con los tableros a la sala del centro.

 

El profesor explica que el primer paso para realizar un pirograbado es elegir el cuadro que deseas copiar, tomar medida de las dimensiones y comprar un tablero de una maderas especial para copiarlo. Ángel trabaja con madera de mocal, pero insiste en que el chopo también es una buena opción, porque se quema con más facilidad. Posteriormente, la tabla se satina con un estropajo de esparto, hasta que queda brillante, con el fin de que el pirógrafo se deslice sobre ella.

 

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Pero quizá el protagonista de la técnica es el pirógrafo. Es el instrumento que se utiliza para dibujar. Éste tiene un cable de conexión, que normalmente tiene dos salidas para que puedan trabajar dos personas la mismo tiempo. El pirógrafo cuenta con un regulador, que modula la potencia, un interruptor para encender y apagar, y los mangos, con los que se da calor y se quema la madera en varias intensidades para obtener un color u otro. “El pirograbado no es como en el carboncillo, en el que hay varias tonalidades de grises, aquí se van obteniendo diversos marrones dependiendo de cómo quemes la madera”, aclara el profesor, que suma ya 85 años.

 

Entre los alumnos, se encuentra gente de varias edades desde los 65 a los 94 años. Unos hacen fachadas de edificios emblemáticos, otros retratos o montajes con dos fotos. “Las clases son personalizadas, asisto a cada uno en su trabajo, ya que algunas veces les tienes que sacar del atolladero y allí estoy yo para echarles una mano y que saquen el dibujo adelante”, confiesa.

 

“Esta es una actividad que gusta, que entretiene y que te mantiene ocupado, por eso siempre te ayuda a llevar mejor la vida. Hay quien dice que tienes que tener muy buen pulso, pero la verdad es que si tienes buena voluntad también consigues trabajos buenos. Esto es casi una terapia que aconsejo a todo el mundo, ya que no sé necesita entender mucho de dibujo”, dice Ángel.

 

En este sentido, existen varias diferencias si lo que se pretende es crear un dibujo desde cero o calcarlo. En su caso, Ángel ha dibujado varios pirograbados con los que ha llegado incluso a ganar algún concurso. Pero calcar un dibujo es diferente. “Puede llevarte dos o tres horas, más las ocho que tendrás que dedicar para perfilar una vez retires el papel. Con el pirógrafo no puedes ir muy deprisa, porque puedes quemarlo.

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Además, algunos de los pirograbados hechos por los alumnos pueden verse actualmente en  el centro cívico José Luis Mosquera que acoge una exposición de cuadros hechos con varias técnicas.

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