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Redacción
Miércoles, 20 de junio de 2018
Retratos

Faustino Calderón, un viajero de Tierra de Campos

Noticia clasificada en: Ángel de Castro Retratos

Ángel de Castro

 

 

 

 

Más conocido por Tino que por Faustino Calderón Fernández lleva poco tiempo en la Residencia Cardenal Marcelo, pero ya tiene una presencia muy activa. Quiere encargarse de la biblioteca para ponerla en marcha como un lugar atractivo y dinamizarla, a pesar de que “el material está deteriorado y los ladrillos un tanto torcidos”. Se refiere con ello al nivel cultural que es bajo y al Consejo de Mayores, donde ha sido elegido por unanimidad como presidente.

 

Ha sido un hombre viajero. Ha visitado Portugal, Francia, Polonia, Argentina y Alaska, donde estuvo una breve temporada como cocinero de un restaurante. Y es que es en la hostelería donde ha desarrollado su profesión desde adolescente hasta que se jubiló y regresó al pueblo que le vio nacer, Pozuelo de la Orden, un municipio de Tierra de Campos, que tenía hace solo unos años alrededor de 400 habitantes y en la actualidad anda por los 60.

 

Si le quieres ver por la mañana no tienes más que ir a la biblioteca de la residencia, donde pasa algunas horas leyendo. Es un gran lector. Antes de comer le puedes encontrar en el bar tomando una copa de vino con el pequeño grupo de amigos. Abierto a todos los vientos, se gana la simpatía de todos porque tiene facilidad para estar atento a los gustos y necesidades de los compañeros.

 

Hablo con él de su vida y milagros antes de ingresar en el centro y cómo lleva esta nueva etapa en la Residencia Cardenal Marcelo. Me habla de sus viajes, de la lectura y de actualidad, y así se ha explicado.

 

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¿Cuáles han sido los momentos, lugares, personas y oficios más importantes en mi vida para enmarcar?

 

Son tantos que comenzaría por los familiares, los hijos, los nietos y los hermanos. Profesionalmente destacaría lo exótico: Alaska, donde regenté un restaurante con un amigo. Y siempre mi pueblo, Pozuelo de la Orden. A los 16 años lo dejé, no había futuro. Éramos siete hermanos. Mi padre era arriero y tenía una tienda, principalmente de frutas y verduras. Comencé sirviendo la comida a los frailes y fregando los platos y por la tarde iba a clase. Muy pronto comencé en la hostelería hasta que me jubilé. Primero trabajé de camarero en Maga, donde me formé. Después fui encargado en el Caballo Rojo y en el año 70 me establecí como autónomo en un pequeño bar, Pinky, hasta que se produjo un incendio en el piso de arriba y tuve que dejarlo. De Valladolid fui a Madrid, a un bar de lujo y de allí a Benavente, donde impartí cursos de hostelería en colaboración con el INEM. Lo de Alaska fue a través de un amigo que puso allí un restaurante y me llevó de cocinero, solo duró unos meses porque ya estaba jubilado después de 55 años trabajando.

 

 

¿Y los recuerdos familiares?

 

Sigo recordando la muerte accidentada de mi padre y mi madre, como todas las madres, era como una gallina con sus polluelos, pero yo creo que era su predilecto. Al quedarme totalmente solo me vine a la residencia, pero sigo teniendo contacto con la familia, los amigos de siempre y hasta fuera de España.

 

 

¿Cómo fue su ingreso en la residencia? ¿Qué es lo que más disfruta aquí?

 

Tengo un buen recuerdo del primer día que ingresé, la atención que recibí fue extraordinaria, y encima la comida fue cocido, que me encanta. Estoy muy a gusto, pero la biblioteca me da mucha tranquilidad, se me pasa la mañana y parte del día en un ambiente muy agradable. El ser presidente del Consejo de Mayores me obliga a colaborar en todos los actos que se organizan, y lo más importante tener amistad con todos los residentes y colaborar en todo cuanto les satisface.

 

 

¿Le gustaría hacer actividades nuevas, ahora que forma parte del Consejo de Mayores?

 

Me gustaría que hubiera más participación en general y un mayor acercamiento a la biblioteca, lograr dinamizarla, hacer de ella un sitio agradable para pasar buenos ratos. Como presidente del Consejo de Mayores, aunque es todo muy reciente, ya hay cosas propuestas y en un futuro próximo seguro que conseguiremos bastantes. Ojalá.

 

 

¿Echa algo de menos de la vida que llevaba antes de entrar en la residencia?

 

Me levanto a las ocho. Ducha, Desayuno y atento a las actividades. No me aburro. Echo de menos el no poder hacer los guisos de los míos, tipo mesón del pueblo.​ Pero esta última etapa la llevo bien, es un camino que hay que recorrer de la mejor manera posible y si haces bien las cosas las recorrerás más fácil y llegarás al final tranquilo. Me gustaría ser recordado simplemente como una persona amigable y amiga de todos.

 

 

¿Ha participado en las manifestaciones de jubilados? ¿Qué opina sobre ello?

 

Sobre las manifestaciones actuales de los jubilados por toda España pienso que es una vergüenza. Hay que ajustar la balanza no tanto para los políticos, ni tan poco para los jubilados, porque los de la generación de los cuarenta nos hemos llevado todos los palos, los de antes y los de ahora.

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