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Redacción
Martes, 10 de julio de 2018
Banderas

Patria por bandera

Noticia clasificada en: Frosty

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Viñeta: El Roto (23/10/2017)

 

Frosty

 

 

 

Aún recuerdo el día que juré bandera, ese acto protocolario que se debe realizar antes de firmar tu contrato como militar profesional, después de la instrucción básica, claro.

 

No recuerdo haber sentido antes ningún tipo de afecto hacia ningún símbolo y mucho menos a ninguna bandera, pero reconozco que en un momento de esos años al servicio de la ‘patria’ llegué a sentir algo parecido al afecto, afecto a esa bandera en cada izada y bajada diaria. Y no por el hecho de todo lo que representa, sino por el recuerdo de los compañeros y algunos buenos amigos que habían dado su vida por ella. Su ausencia física parecían ondear con ternura en esos colores que mantenían en un estado de latencia abstracta su sentido de servir a la patria, a nuestras familias, a nosotros... Eso fue en parte el principio de mi relación con la bandera, y lo digo en singular porque no lo he tenido con ninguna otra, ni ningún otro símbolo.

 

Con el tiempo comprendí el gran engaño al que fui sometido, tanto yo como todos aquellos que han dado su vida por la patria. Al soldado se le adoctrina en el punto más alto de patriotismo representado en una bandera con el fin último de que llegue a dar su vida por la patria, por las familias que viven en ella, pero realmente terminan luchando por los intereses particulares de poderes políticos y económicos.

 

¿Porque tengo que ir a la guerra contra un pueblo que ni siquiera conozco, contra una persona que ni siquiera odio? Hoy en día la guerra es un gran negocio del que esos que dan su vida por aquello que llaman ‘patria’ son un simple gasto reemplazable del que se encarga la gran maquinaria del adoctrinamiento patriótico. 

 

Nuestros ‘enemigos’ hoy son nuestros ‘aliados’ mañana, y viceversa, y al final no hay ganadores ni perdedores: ganan siempre unos pocos y pierden unos muchos, unos muchos que son vidas humanas que, engañadas por eso intangible y volátil que llaman ‘patria’, dan su vida por los intereses de esos pocos.

 

A veces siento ganas de vomitar al ver esos envoltorios emocionados ‘tan bonitos’ con los que adornan el sentido de nuestra bandera. Con esto no quiero decir que no quiera a mi patria, pero sí que se puede luchar por el bienestar de los que respiran en ella de manera muy distinta a lo de tener un fusil entre las manos. ¿Cuántos muertos más habrá en la defensa de la patria camuflados por intereses?

 

En los tiempos que corren ya no hay Atilas que amenacen nuestras fronteras. El terrorismo que tanto daño ha hecho y hace a tantas personas inocentes se puede combatir de otra manera, pero claro, los intereses económicos siguen ahí y es más fácil y rentable seguir manteniendo relaciones comerciales con aquellos que lo financian, y seguir enviando tropas a luchar por ‘la democracia, el bien y el orden’, que acabar de una vez por todas con todo.

 

En el juego del poder interesa bastante alimentar un miedo latente en el pueblo, focalizado ahora en el terrorismo lo que antes era en el comunismo, para prolongar esta manera de gobernar sobre un pueblo cada vez más encerrado en esa odiosa idea de patriotismo representado por una bandera en la que estamos tan metidos, y de la que dudo bastante que algún día podamos salir.

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