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Redacción
Domingo, 19 de abril de 2015

Viaje cultural a Italia

Los alumnos de primero de Bachillerato y profesores del IES Parquesol han realizado un viaje cultural a Italia. Para muchos un nuevo país, para otros su primer vuelo en avión; pero, sin duda, para todos, aunque más para los alumnos que para los profesores, una de las mejores experiencias vividas hasta ahora. Bárbara e Ignacio cuentan su experiencia.

Bárbara B. Prada Aroca

 

 

DÍA 1

Llegó el momento

Y por fin llegó el momento, este viaje tan ansiado por todos los chavales a lo largo del curso.

A más de uno nos costó conciliar el sueño por  la noche, demasiados nervios para poder dormir. A las 6:30 a.m., con todas las maletas ya cargadas en nuestros autobuses, nos dirigimos a Barajas,  donde cogeríamos nuestro avión rumbo a roma. Facturamos, embarcamos y a las 12:00 a.m despegamos, llegando a nuestro destino a las 14:30.

Salimos del aeropuerto y directos al Coliseo, anfiteatro inaugurado en el año 80, que visitamos acompañados de las explicaciones de un guía. A la salida fuimos dando un paseo y vimos el Foro Romano y el Arco de Constantino. En cada sitio que íbamos nos rodeaban  insistentes vendedores ambulantes; que si palo selfie, que si una batería portátil, un pañuelo...

Cansados del viaje y del madrugón, no muy tarde pusimos rumbo al hotel por donde aún no habíamos pisado. Llegamos, nos asignaron las habitaciones y a relajarse hasta la hora de la cena. Por la noche dimos un paseo nocturno; querían cansar a las fieras. Y a las doce todo el mundo teóricamente en sus habitaciones, pero qué os voy a contar...!

 

 

DIA 2

A caminar

Boungiorno.

Con las sabanas todavíaun poco pegadas nos levantamos, desayunamos y de vuelta a los buses: visita guiada a los Museos Vaticanos, Capilla Sixtina, basílica y plaza de San Pedro.

Qué sensación tan buena la de enconarte allí, haber visto esta plaza tantas veces por la televisión y decir, "ahora aquí estoy yo". Comimos por cuenta propia y un rato de tiempo libre para hacer nuestras primeras compras. Cuidado por dónde cruzamos, una conducción un  poco temeraria hay por allí. Con las tripas llenas y las pilas cargadas retomamos nuestro itinerario.

Visita a la fontana de Trevi, que desafortunadamente  encontramos en obras, pero el deseo y la moneda lo echamos igualmente. También la plaza España y dimos un paseo por la Roma barroca, pudiendo ver el centro histórico, la iglesia del Gesú, la de san Ignacio, etc.

Cenamos en el hotel y por la noche nos fuimos hasta la plaza Navona, una de las más famosas de Roma. Un poco de tiempo para darnos un paseo y para comprar un helado, que son una verdadera delicatesen; delito sería ir a Italia y no comerte uno, aunque fuera en pleno invierno.

De vuelta al hotel y una noche más en la mejor compañía, aunque esta vez con visita sorpresa de los carabinieri por la noche acompañados del gerente del hotel. Esa noche era mejor que no te pillaran por el pasillo…

 

 

DÍA 3

Maratona Roma

El cansancio se empieza a notar, y la falta de horas de sueño también, pero gafas de sol puestas y para adelante.

Un día ligth. Por la mañana vimos un par de Iglesias y el resto de la tarde libre. Hoy la mitad de Roma estaba cortada, se corría allí una maratón que vimos un poco, y animando a nuestros compatriotas que pasaban.

A la hora de la comida se nos acercaron dos chicas con unos mapas a hacerse pasar por turistas, ponerte el mapa encima de la mesa y llevarse lo que hay debajo. Por suerte nos avispamos y retiramos los móviles a tiempo. El resto de la tarde nos dedicamos mis amigas y yo a ver tiendas, pasear, sumergirnos en la ciudad, cómo no, bien acompañadas de un heladito.

Ultima noche en el que sería el mejor hotel de todo el viaje, con habitaciones grandes y terracita. ¿Qué más se puede pedir? Noche que, sin duda, no decepcionó. Aunque, ¡ups!, tuvimos un pequeño incidente; se nos cayó la cortina de la habitación y un poquito de techo con alguna que otra pieza y no había manera de dejarlo como al principio pese a unir todos los esfuerzos e intentarlo de todas las maneras posibles que os podáis imaginar. Pero por suerte nos devolvieron la fianza del hotel. Menos mal, porque, si no, 45 euros menos.

 


DÍA 4

¿Lo llevamos todo?

¡Bonita noche la que nos dio la cortina, mucho hemos descansado todas! Y después de tres días volvió a aparecer la habitación de debajo de tantas cosas. Levantándonos con el tiempo justo bajamos con prisas a desayunar y volver a subir a la habitación a por las maletas para bajarlas a los autobuses, abandonábamos Roma y aquel hotel en el que se quedaran demasiadas historias, y también una zapatilla.

Próxima parada, Siena.

Había que aprovechar cualquier momento para echar una cabezadita, y el bus nos acunaba: caíamos como moscas, aunque a veces esta tarea se dificultaba cuando nuestro querido guía Mariano nos iba dando explicaciones de lo que íbamos viendo o no metía en materia de lo que íbamos a ver.

Bien, llegamos a esta ciudad de la región toscana, laberinto de callejones. Aquí pasamos la mañana y poco después de comer nos marchamos a San Giminiano, pueblo cuyo centro histórico ha sido declarado patrimonio de la humanidad.

Despedimos este maravilloso pueblo y, de vuelta a los autobuses, rumbo a Fontassieve, lugar donde teníamos contratado el siguiente hotel para hacer escala y visitar la ciudad de Florencia los siguientes días.

Como siempre que había nuevo hotel, nuevo sorteo que hacíamos entre el grupo de amigas para asignar las habitaciones; y una vez organizado todo, a cenar. Se notaba poco que eran habitaciones dúplex convertidas para cuatro personas, con dos camas supletorias que cedían bajo los pies.

Rezamos para que por cuarta noche consecutiva no nos sirvieran pasta y pollo para cenar, pero nada; no hubo suerte.

 

 

DÍA 5

Firenze

¡Qué mala noche he pasado!, el catarro se ha apoderado de mí... Menos mal que entre todas las amigas trajimos un botiquín muy profesional, y un frenadol y a seguir. Sin apenas darnos cuenta ya se había pasado más de la mitad de este viaje, porqué solo una semana...

Vinchencho, nuestro conductor, no estaba hoy muy descansado, demasiado ruido nocturno no le había dejado dormir muy bien, pero aun así nos llevó sanos y salvos a Florencia con una para previa en un mirador desde donde se podía observar toda la ciudad: la vista era espectacular.

Pateamos la ciudad viendo el centro histórico y lugares emblemáticos como el Ponte Vecchio, que es el puente de piedra más antiguo de Europa y el más conocido de toda Florencia y símbolo de romanticismo. Las tiendas que hay a lo largo de él, han sido ocupadas por joyeros y orfebres, así que era una verdadera delicia pasearte mirando los escaparates.

Comimos y fuimos a ver la Galería de la Academia, uno de los museos básicos de la ciudad dedicado a pintura y escultura. Entre algunas de sus obras se encuentra el David, de Miguel Ángel. Por la tarde, visita al Baptisterio de San Juan, ubicado en la Piazza del Duomo. La "Puerta del paraíso" es el nombre con el que se conoce popularmente esta puerta completamente dorada del Baptisterio, obra cumbre de Ghiberti. La catedral, la iglesia de San Lorenzo, Palazzo Pitti... Cuesta recordar con exactitud todos los sitios que visitamos a lo largo del día.

No volvimos muy tarde al hotel. La cena de esta noche era por nuestra cuenta, así que nos dirigimos en masa a la pizzería de enfrente a por un buen bocado. De charleta un rato después y luego cada uno a sus habitaciones; – venga chicos, en un rato nos pasamos.

 

 

DÍA 6

Día pasado por agua

Y otra vez maleta para arriba maleta para abajo, a nuestro paso dejábamos el hotel de Fontavessie, para ir a Pisa, uno de los lugares más deseados por todos para visitar. Amenizábamos el bus con canticos, y el viaje se hacía entretenido, aunque para todo hay un límite: también necesitábamos dormir.

Antes de poner un pie en la calle, nuestra llegada alerto a los vendedores ambulantes, quienes ya desde las ventanillas nos iban ofreciendo paraguas, y al bajar del autobús lo único que oíamos era: “ ombrello, ombrello“.

Una vez conseguimos dejarles atrás caminamos hasta la Piazza dei Miracoli, donde se encuentran la catedral de Pisa y la torre inclinada, que es el campanario de la catedral. Para lo ansiada que era esta visita nos hizo francamente malo, con el paraguas de la mano y las fotos un poco mojadas.

Salimos de allí y rumbo a Bolonia, ciudad en donde el tiempo tampoco nos fue favorable y no pudimos disfrutarla, aparte de por el poco tiempo de nuestra estancia, por el incordio de la lluvia, que no nos detuvo y, refugiados en soportales, seguimos las explicaciones de nuestro guía y vimos un poco de Bolonia.

No muy tarde abandonamos las visitas por hoy y nos fuimos al Jesolo donde teníamos nuestro último hotel, con vistas a la playa desde las terrazas. "El ascensor solo para maletas", nos decía el gerente del hotel, así que a subir a patita. Ultimo sorteo de habitaciones.

Llegas cansado, con ganas de una buena ducha, y te encuentras un plato de ducha, que cerraba con una cortina, en el que dentro había un retrete... Esto fue lo que se encontraron unas amigas en su habitación. Por suerte en la nuestra solo se salía el agua por debajo y se inundaba todo el baño, que terminaba resbalando. Que se lo digan a una de mis compañeras de habitación, que patinó y culetazo en la terraza al querer ir a ver las vistas. Ahí quedó oficialmente inaugurada.

A las doce todo el mundo a la habitación 320 a felicitar a nuestra compañera Alma. Tanto fue la emoción del momento que, al hacer un bollo encima de ella, cedieron algunas tablas de la cama. Otra fianza que corría peligro.

 

 

DÍA 7

Entre canales

Next stop: Venecia. Y otro día en el que el tiempo no nos acompañó. Esta vez la lluvia no amainó en todo el día.

Para llegar hasta la ciudad cogimos un Barco en el puente de la Libertad que accede a al Piazzale Roma y una vez allí empezamos nuestra visita.

No he visto lugar tan lleno de palomas como la Plaza de San Marcos, en la que en cada una de sus papeleras ponía un cartel de no dar de comer a las palomas, cuyas heces son fatales y corrosivas para monumentos y demás. Pues nada; en mitad de la plaza había gente que te cobraba por un puñado de arroz para que se lo dieras y te hicieras una foto con ellas hasta encima de ti. Cara salía la foto, y ellos amortizaban rápido lo que les costara un paquete de aquella comida.

En la plaza se encontraba el Campanile y la basílica de San Marcos, a cuya entrada estaban colocadas unas pasarelas de madera por lo que se inunda cuando llueve. No circulan coches por el  interior de la ciudad, así que para surcar el gran canal cogimos un vaporeto (bus acuático  y transporte público de la ciudad), que iba alternando paradas de una orilla a otra, desde donde contemplamos bastantes edificios nobles de Venecia.

En nuestro tiempo libre fuimos al mercado de Rialto, a pasear por los canales, ver puentes como el de los Suspiros y perdernos. Nos quedamos con las ganas de montar en góndola, pero para montar lloviendo .. y que lo haga quien esté dispuesto a pagar 80 o 90 euros por un paseíto, aunque entre varios la cosa cambia.

Para regresar cogimos de nuevo un barco que nos llevó hasta tierra firme y nuestro ya nombrado anteriormente conductor,  Vinchencho, nos llevó de vuelta al hotel. Esta era nuestra última noche. Dormir no era una opción: para levantarnos a las cuatro y media de la madrugada mejor ir de empalmada al autobús. Ya dormiremos allí y en el avión, pensamos.

 

 

DÍA 8

Chiao bella

Muy animados subimos los del fondo sur al bus a pesar de las horas que eran. Con gran pesar  nos marchábamos hacia Milán para coger nuestro vuelo de regreso a Madrid.

Desayunamos en una estación de servicio, pic-nic por cortesía del hotel: dos bollos de pan chicloso, un bizcochito, y una tarrina de mermelada y otra de nocilla. ¿Pero qué, la untamos con el dedo? Os podéis imaginar dónde acabo el desayuno ése, aunque suena mejor de lo que era.

Hasta que no estuvimos montados en el avión no nos dimos cuenta realmente de que nuestro viaje había terminado. Estos días han volado. A las doce despegábamos, despidiéndonos así de Italia y aterrizamos en torno a las tres de la tarde.

Del viaje de vuelta no me enteré absolutamente de nada; lo pasé recuperando horas de sueño. Llegamos en autobús hasta casa, con algún kilo más en la maleta, llena de regalos. Pero lo mejor que nos pudimos llevar de allí no se puede enseñar porque está en los recuerdos y la memoria de cada uno de nosotros.

Así calificamos el viaje: memorable.

 

 

La bota más bella

 

Ignacio Visiers Rodríguez

 

Me gustaría echar la vista atrás y retroceder unas semanas en el tiempo para rememorar aquellos momentos de ensueño que gran parte de los alumnos de 1º de Bachillerato del instituto Parquesol pudimos vivir. Un viaje que ninguno de los afortunados que lo disfrutamos podremos olvidar, y que recordaremos de una forma muy especial.

El día 20 de marzo cogimos el bus hacia Madrid para sumergirnos en el mejor de los sueños. Quizá no todo en este viaje fuese perfecto, pero nadie dijo que el mejor de los sueños tenga que serlo. Distintos factores afectaron en nuestro disfrute, como la compañía, la belleza del lugar, los profesores, y los inigualables guías con los que pudimos contar en toda nuestra aventura por Italia.

La aventura duró 7 días, aunque para muchos fue un día de 168 horas donde nuestro alimento fue pasta y pollo, o más que pollo lo podríamos catalogar como alpargata. Pero ni las noches interminables, ni el pollo alpargatero pudo impedir que lo pasáramos en grande.

Nuestros destinos fueron Roma, Siena, San Gimignano, Florencia, Pisa, Venecia y finalmente Milán, en este mismo orden. Si les tuviese que calificar, en lo más alto colocaría a Venecia por su particularidad y por todo lo que trasmite, que me sería imposible describir: es algo que se debe vivir ya que las palabras no sirven.

Y en lo más bajo colocaría a Roma. Para muchos esta critica que voy a hacer será una aberración, pero a mi me lo pareció. Vi una ciudad de la que esperaba una belleza única e inigualable y lo que me encontré fue un barrio bajo, sucio, descuidado, y lleno de gente, con monumentos de gran valor, pero que no pudimos apreciar de buen modo debido a las obras y a las moscas que nos rodeaban intentando vendernos palos de selfie y demás objetos de mala calidad.

Los demás destinos me encantaron, me parecieron todos ellos con unas singularidades que todos deberíamos contemplar, porque vale realmente la pena.

Ha sido el mejor viaje que he realizado y me encantaría agradecer a todos aquellos que me han acompañado en esta experiencia única por hacer de ella todavía algo mucho mejor, y brindarme todos esos momentos que hemos vivido juntos durante esos siete inigualables días. Sobre todo algunas personas que han hecho de él algo mágico y que se me quedará grabado en la memoria. Aunque algún día tenga el placer de volver, jamás será lo mismo sin vosotros. Gracias de corazón por todo y ha sido un placer emprender esta aventura a vuestro lado.

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