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Redacción
Lunes, 11 de mayo de 2015
Premio Francisco Umbral para Jóvenes Escritores

Memorias de un aprendriz de persona

... Estoy hablando, de nosotros, los jóvenes; aquellos que han visto a sus padres destrozados por no poder tener ni para pipas, aquellos que no saben qué es afiliarse a un partido, que han visto y oído sin comprender que tienen la culpa de vivir por encima de sus posibilidades ...

Pablo García Martín-Sanz

 


Es de comidilla popular que el bipartidismo, eso de que se alternen siempre los mismos en la altruista tarea que es el saber y el gobernar, está de capa caída. Nuevas formaciones plantean sus alineaciones por la megafonía de numerosas tertulias televisivas, mientras su hinchada se alza para apoyarles en esa ardua tarea que es conseguir el trofeo del apoyo de la ciudadanía.

 

Y mientras tanto, los ya mencionados bipartitos se resignan y aguantan, esgrimiendo a ultranza el argumento de la seriedad y la experiencia,  sabedores de que como todas ésta tormenta política escampará llegando de nuevo a buen puerto.

 

Y no seré yo quien lo niegue o lo desmienta. Sin embargo, hay un fallo en su brillante plan. Existe un colectivo que está viviendo estos acontecimientos como testigo privilegiado, que cree que el rojo o el azul solo son colores, que la Constitución mola porque así te puedes reír de quien te dé la gana con eso de la libertad de expresión, y que ha sobrevivido a varias reformas educativas. Estoy hablando, de nosotros, los jóvenes; aquellos que han visto a sus padres destrozados por no poder tener ni para pipas, aquellos que no saben qué es afiliarse a un partido, que han visto y oído sin comprender que tienen la culpa de vivir por encima de sus posibilidades (quizá los Reyes se pasaron con el móvil y la play): una generación que se ha empapado (como esponjas que somos a esta edad) de la necesidad de cambio tras la tormenta política que estamos viviendo.

 

Así que tomen nota, señores bipartitos, y si creían que lo de ahora era un reto a sus embaucadoras palabras, prepárense cuando esos a los que han despreciado, tengan voz y capacidad de voto.

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