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Redacción
Lunes, 11 de mayo de 2015
Premio Francisco Umbral para Jóvenes Escritores

La incertidumbre del mañana

... Los adolescentes somos como el ciego de Lazarillo de Tormes; basamos nuestros pasos en la experiencia inculcada con los pocos años que hemos podido ver el mundo. Sin embargo, ahora ciegos, tenemos que fiarnos de un dudoso guía que nos puede ser de gran ayuda o nos puede llevar por un terreno escabroso ...

Paula Sumpf Sosa

 

 

Esta sociedad es francamente confusa para los individuos pertenecientes a la coloquialmente llamada “Edad del Pavo”. Estos adolescentes son individualmente un mundo aparte; sin embargo, voy a arriesgarme a hablar del comportamiento de la mayoría de estos jóvenes.


Estos jóvenes, carentes de experiencia, están desorientados en una sociedad que no cesa de crecer a un ritmo vertiginoso. Desde la niñez se les enseña la teoría del mundo que les aguarda tras terminar los estudios, pero a la hora de la verdad; cuando un jarro de agua fría les despierta del sueño que es la infancia y les obliga a contemplar las adversidades de la realidad del mundo de los adultos; están confusos y buscan desesperadamente un apoyo que les garantice un futuro.


Algunos de ellos son reacios a abandonar la confortable sobreprotección proporcionada por los padres. Y por lo tanto estos adolescentes no temen lo que les depare el día de mañana, ya que piensan que con una aplicación gratuita de sus móviles, se van a convertir en unos DJs famosos y vivirán con los millones obtenidos de sus “Obras de arte originales”.


Otros de ellos se sienten impotentes ante la expectativa de hacer frente a un mundo tan salvaje y competitivo como es el que hoy en día nos espera. Se forman en unos estudios muy generalizados, creyendo que tras obtener el título, acto seguido les ofrecerán un empleo vitalicio bien pagado. Pero muchos de esos estudiantes no saben la dificultad que requieren esas carreras y ante la presión inesperada de las asignaturas superiores, desisten en su intento de obtener el título e intentan recuperar el tiempo perdido con otros estudios más adaptados a sus cualidades.


Los adolescentes somos como el ciego de Lazarillo de Tormes; basamos nuestros pasos en la experiencia inculcada con los pocos años que hemos podido ver el mundo. Sin embargo, ahora ciegos, tenemos que fiarnos de un dudoso guía que nos puede ser de gran ayuda o nos puede llevar por un terreno escabroso. Ya que su picardía no permite que un ciego, inexperto en el mundo actual, pueda dominar a un chico que lleva años viendo y sobreviviendo a la realidad de los adultos.

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