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Redacción
Lunes, 11 de mayo de 2015
Premio Francisco Umbral para Jóvenes Escritores

En la piel de mi padre

... Nos estamos perdiendo muchas cosas de la vida que más tarde no vamos a poder disfrutar, nos ¨rayamos¨ con nuestros padres porque no tienen ese dominio con las tecnologías como tenemos nosotros, nos ponemos nerviosos viendo a gente mayor utilizando su dedo índice para escribir un mensaje en su móvil, en vez de pararnos a pensar en si ese virtuosismo nos favorece, o en realidad, en muchos momentos, nos perjudica ...

Javier Liébana Giraldo
Galardonado como primer finalista del Premio Francisco Umbral para Jóvenes Escritores.

 


Cuántas veces nos habremos puesto a pensar en cómo era la vida antes, en cómo ha cambiado todo en poco tiempo y en este gran cambio tecnológico, pero ¿nos hemos parado a reflexionar sobre cómo le afecta esto a nuestros mayores?

 

Es innegable que el uso de las nuevas tecnologías facilita muchos aspectos en la vida cotidiana, pero  actualmente la gran mayoría de los jóvenes permanecen obnubilados mirando a una simple pantalla de móvil, ordenador o cualquier otro tipo de aparato electrónico sin aprovechar muchas veces ese gran momento de la vida como es la adolescencia, esa edad donde te crees lo suficientemente mayor para hacer todo lo que quieres, pero no tienes esa mayoría de edad que te impida seguir siendo un niño.

 

Hasta hace pocos años la gente se pasaba horas y horas en la calle, ya fuese jugando al fútbol con los amigos, practicando cualquier actividad o simplemente sentados en un banco teniendo una divertida charla. Pero en las sociedades actuales y venideras eso está cambiando, los jóvenes prefieren quedarse en casa jugando a videojuegos, en vez de estar practicando algún deporte, o la triste imagen que cada vez se ve más en la calle, un grupo de chicos sentados en un banco dominados por un móvil, del cual no pueden levantar la cabeza ni hablar entre ellos. ¿Cómo se ha podido llegar hasta ese extremo? Nos estamos perdiendo muchas cosas de la vida que más tarde no vamos a poder disfrutar, nos ¨rayamos¨ con nuestros padres porque no tienen ese dominio con las tecnologías como tenemos nosotros, nos ponemos nerviosos viendo a gente mayor utilizando su dedo índice para escribir un mensaje en su móvil, en vez de pararnos a pensar en si ese virtuosismo nos favorece, o en realidad, en muchos momentos, nos perjudica.

 

Es bueno tener un cierto control sobre las tecnologías, pero el control le tenemos que tener nosotros sobre ellas, y no las tecnologías sobre nosotros. Es curioso que antiguamente los niños y jóvenes, pese a que en muchos casos las condiciones de vida fuesen peores, eran mucho más felices que ahora, que supuestamente tienen muchas más facilidades.

 

Una cosa es cierta, no es más rico el que más tiene, si no el que menos necesita. ¿Nos merece la pena tener todo y no disfrutar en realidad de lo que verdaderamente importa? o ¿Es preferible tener menos pero disfrutar más?

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